Algo está ocurriendo con los Jueces. Se repiten Principales, Asistentes y hasta Adicionales. Por ejemplo, Bresba nos dirigió ante Atlanta y San Miguel, y fue una vez más Adicional. Monsalvo, una vez Principal y dos veces Adicional y esta vez fue el turno del Sr. Yael Falcón Pérez quien ya nos había dirigido ante Acassuso, habiendo protagonizado un regular arbitraje por aquel entonces.

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Dueño de un importante físico, el ex bañero de las playas de San Bernardo distó de tener un arbitraje aceptable. Son muchos los aspectos criticables de su actuación. Veamos.

En este espacio de análisis varias veces hemos destacado que existen ciertos jueces que hacen gala de su veteranía y tratan de manejar determinadas situaciones quizás dejando de lado el costado estrictamente reglamentario para abocarse a costados más sociológicos. Esta capacidad, denominada en la jerga como “Muñequeo”, es precisamente eso, un Contenido que otorgan cientos de partidos dirigidos, otras tantas centenas de anécdotas y situaciones, y que pueden permitirse solamente aquellos que ya se han consagrado en las lides de un partido de Primera División. Por supuesto, el caso que nos encontramos analizando lejos se encuentra de hallarse en tal situación (aunque, evidentemente, mucha “fuerza” se encuentre realizando la Escuela de la A.F.A. para que tal acontecimiento ocurra lo más brevemente posible), teniendo en cuenta que este Juez Principal no ha cumplido siquiera el centenar de partidos dirigidos entre la “D” y la “B” Metropolitana.

Sin embargo, evidentemente la presión de saberse un “elegido” para “cosas mayores” hace que deba manifestar características con las que naturalmente no se encuentra dotado, lo que conlleva a que en determinadas situaciones las cosas -de tanto intentar “muñequearlas”- se le terminen escapando de las manos. Tal fue lo acontecido en la noche del martes.

Un claro ejemplo fue el claramente inútil e inentendible sostenimiento del futbolista Gustavo Mbombaj dentro del terreno de juego. El “7” de la visita se cansó de cometer consecutivamente infracciones violentas y antideportivas, las cuales debieron haberlo amonestado en los minutos 19 y 35 de la primera etapa. Si el Juez Principal tan solamente se hubiese concentrado en aquel momento en haber aplicado el Reglamento, anteponiéndolo ante su imponente presencia, culminando con la expulsión de un futbolista que de tan abstraído del encuentro se encontraba que su Entrenador inmediatamente lo sustituyó en el complemento, quizás todo lo que sucedió luego no hubiese acontecido y el partido se hubiese neutralizado ante una “bajada de línea” un tanto más eficaz que la de la mera gesticulación.

En el minuto 38 se produjo el gran llamado de atención. Tras un ataque de Platense, Infante disputa una pelota ante la salida de Cristian Cepeda, quien tras dribblearlo se tuerce una pierna y se arroja como si hubiese sentido un impacto (el jugador de Platense había estirado uno de sus miembros pero nunca lo tocó), y se generó el contragolpe que terminaría con una clara mano de Buongiorno (quien desvió la trayectoria del balón mientras apoyaba uno de sus pies en la línea del área penal) y una definición de Vizcarra por encima del travesaño ante la salida de Pietrobono. Pero lo peor estaría por venir, puesto que detrás de dicha acción se produjo una gresca posterior a un intercambio de agresiones (verbales de un lado, física por el otro) entre los futbolistas Juan Manuel Olivares e Isaac Suárez. La imagen del Juez Principal separando como si se tratara de un Juez de Boxeo fue lamentable, puesto que un Referí no debe intervenir de manera directa en actos agresivos entre futbolistas, sino simplemente percatarse de lo que ocurre para luego poder ajusticiar a quienes se condujeron de manera antideportiva. Falcón Pérez adquirió protagonismo separando a unos y a otros y decidió tomar la decisión más salomónica pero que a las claras denunciaron la irremediable realidad (que el partido se le había desnaturalizado, lo que conlleva al rotundo fracaso de su labor como Juez Deportivo) expulsando a ambos jugadores ante hechos que no le constaron y que seguramente le fueron torpemente trasladados por el Segundo Asistente, quien periféricamente pudo haber observado “algo”. El gesto del Juez Principal fue claro: Olivares afuera por exceso verbal, y Suárez lo mismo por agresión física.

Por supuesto, lejos estuvo la decisión de provocar la tranquilidad que se necesitaba para re-encausar al juego por carriles normales. A Falcón Pérez lo salvaron el tiempo de juego (quedaba poco para la finalización de la etapa) y el deseo de jugar particularmente de Platense, aunque en el segundo tiempo habría aún más.

Percatados de la situación, los de Aldirico plantearon su esquema con inteligencia y comenzaron a manejar de manera completa los tiempos del encuentro. Fue así que asistimos ante una epidemia de acalambrados desde temprano en la etapa, sin que ninguno de ellos fuese amonestado por el evidente tiempo perdido que generaban. También estuvo laxo con Liporace, quien si era expulsado directo por el planchazo que le aplicó a Lamberti en el minuto 3 hubiese sido justo, acción que se repitió con Federico Mazur en el minuto 18, quien criminalmente acometió ante la presencia de un De Olivera que le había ganado claramente el rechazo. La acción fue de roja directa, pero Falcón Pérez lo expulsó con “clase”: le mostró la segunda amarilla y lo mandó hacia el vestuario. Aplausos, de pie.

Y se podría escribir más, pero llego hasta aquí. Porque uno no tiene nada personal, pero tampoco se come el verso de observar futuro donde no lo hay. No, al menos, mientras este Juez siga demostrando estas cosas, muy similares a aquellas de la recordada y mediática final del Reducido de la “D” del año 2015 en el cual no se animó a sancionar un claro penal favorable a Atlas. Está claro que para la Escuela tanto él como Maximiliano Ramirez son “los” Jueces a promover, pero así les hacen daño. Y les hacen daño, también, a quienes vienen trabajando desde abajo y en silencio. Por lo tanto, y para que no se sienta faltado el respeto -porque esa no es la intención-, no lo podré calificar en mi humilde parecer con la nota más baja, pero sería injusto para con quienes tienen condiciones y pueden tener una muy mala jornada calificarlo con una nota superior. Ojalá aquellos que son sus mentores y lo animan a ir por más puedan reveer junto con él este partido para mostrarle todo lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer dentro deun terreno de juego si se quiere llegar con las armas adecuadas a un nivel superior porque conocimientos y experiencia no les falta. Mi nota es un  2 (Dos).

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Una imagen que no se puede volver a repetir en la carrera de este Juez si desea llegar a ser de Primera División o bien Internacional.

Sobre lo actuado por los Asistentes, el partido disputado por ambos fue correcto, tanto para el Sr. Juan Manuel González como para el Sr. Héctor Bracho Gomez, quienes estuvieron correctos en las sanciones de los fuera de juego cada vez que le tocaron intervenir y quienes también auxiliaron al Juez Principal en sus momentos aciagos. Ambos merecen una calificación de 7 (Siete) Puntos.

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