Sin brillar, pero con efectividad. Así fue el triunfo de Platense ante Defensores de Belgrano, este sábado al mediodía en el Ciudad de Vicente López, en el comienzo del nuevo Torneo, un logro obtenido con inteligencia, pensado, trabajado y, finalmente, alcanzado. Como debe ser. 

A 30

Dicho logro se obtuvo en varios frentes. En el plano futbolístico, dejando la certeza que este es un equipo serio donde los que aportan sacrificio trabajan para que los que se destacan con el peso de sus individualidades puedan hacerlas notar. En el plano social, con la constancia en la asistencia al estadio de los de siempre, los que año a año, temporada a temporada, renuevan el vínculo de su abnegación con la esperanza del que no pierde su fe. Esta vez ciertamente mejor tratados, con la presentación de un estadio prolijo, un campo de juego de nivel auténticamente profesional, y un trabajo de seducción desde el marketing tendiente a recuperar el capital social dormido con el que cuenta esta Institución.

Si hablamos de fútbol, particularmente me quedo con la tranquilidad con la que los dirigidos por Fernando Ruiz desarrollaron su juego durante los noventa minutos. Aún con la dureza que provoca las exigencias de la reciente pretemporada, el planteo de dejar el desgaste en las piernas, la mente y el corazón del rival rindió sus frutos. Si bien es cierto que se sufrieron algunos sofocones (sobre todo desde la pelota parada), la efectividad en el pie derecho de Palavecino y en la visión ofensiva de Carrasco hicieron que las cosas se resolviesen de manera más fácil para el «Calamar».

Las asociaciones principalmente comenzaron a observarse con el trascendental ingreso de Juan Manuel Olivares, quien en su primera intervención de juego «le clavó la espada en la frente» como cruel matador en su faena a Fernando Enrique, el temperamental creador de juego ofensivo de la visita. Hasta allí Defensores lo había intentado todo: remates de media distancia, centros al punto penal… Siempre se había encontrado con excelentes respuestas de un Jorge De Olivera que pareció haber sido el arquero de Platense durante toda su carrera. Pero a partir de ese «paseíto» de «Maravilla» se terminó de desdibujar. Sin piernas, Platense comenzó a tocar el balón y ya pareció ser mucho para un rival que intentó ser banca y terminó siendo punto.

Quedan cuestiones para trabajar: el equipo no cuenta con «presencia» por el sector izquierdo, y quizás hacia allí apunta la incorporación de un Diego Tonetto que seguramente se encontrará en condiciones de poder participar de las acciones luego del partido con el «Bohemio». Fernández Colombo se permitió una proyección en el complemento, pero también debe decirse que por su sector Defensores de Belgrano consiguió penetrar sin problemas hacia el área penal de su equipo. La dupla de centrales estuvo efectiva en su trabajo con pelota en movimiento, no tomando riesgos, haciendo los foules necesarios en los lugares justos y dando el paso hacia adelante con achicamiento de espacio junto a los laterales tan característicos de los equipos dirigidos por este entrenador, pero en el «debe» se tendrá que trabajar (y mucho) la pelota parada en situación defensiva, puesto que las líneas de cobertura se quebraban con facilidad y eso le posibilitaba al rival poder hacerse con el rebote bajo cualquier circunstancia.

Otra de las sensaciones positivas, saber que se cuenta (y como desde hace mucho tiempo no ocurría) con un tándem de volantes centrales serios. Lamberti no brilló, Gallegos hizo el trabajo sucio pero estuvo impreciso en esa tarea de articulación que le exige Ruiz, pero ambos encontraron en Marcelo Vega esa rueda permanente de auxilio que posibilitó generar las acciones que finalmente culminaron con los goles del encuentro.

En materia ofensiva, un aceptable trabajo táctico de Daniel Vega, que trataba de entorpecer el trabajo de los centrales rivales con Juan Sosa para que Curuchet pudiese proyectarse preferentemente por el sector derecho. El entrerriano logró demostrar destellos de su velocidad y calidad pero también se algo egoísta en algunas circunstancias. Su juego es así y habrá que acostumbrarse. Ojalá que logre más trascender que empantanarse.

Para finalizar, concluyo diciendo que se ganó ese partido que generalmente se empata o se pierde. Defensores de Belgrano fue «ese» Platense que por momentos abusaba del traslado del balón y que intentaba con pocos argumentos llevar daño al arco rival pero que se topaba con arqueros que se transformaban en permanentes figuras y que de contra le liquidaba el pleito. Esta vez el efectivo fue el «Calamar», y su gente se retiró del «Ciudad de Vicente López» con la certeza de saber que se cuenta con un plantel que planteará de manera pragmática sus desafíos futbolísticos futuros.