La chomba Retiel del Club Atlético Platense, que sorteamos hace un par de semanas en el programa, llegó por fin a las manos de su ganador. Tuvo que viajar 438 kilómetros, más específicamente hasta Crespo, en la provincia de Entre Ríos, para encontrarse con Gustavo Werner, su nuevo dueño. Él nos dedicó unas palabras a nosotros y a todos los hinchas «Calamares» que están lejos del Ciudad de Vicente López. A continuación se las compartiremos. 

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La palabra de Gustavo Werner:

«Ser agradecido en la vida es un valor que siempre hay que defender. Hoy quiero agradecer en público, como ya lo hice en privado, a todo el Staff de Calamares En Su Tinta y especialmente a Pablo Alfredo Miguelez, que fue el nexo para que la remera que sortearon en el programa, a través de un concurso que tuve la suerte de ganar hace un par de semanas llegara hasta Crespo, provincia de Entre Ríos, donde vivo. Es la primera vez que gano algo en mi vida. Es la primera vez, por lógica, que gano algo de Platense. Tal vez muchos no saben lo duro y difícil que se nos hace muchas veces a quienes estamos en el interior acceder a una simple remera de Platense, y no se imaginan el orgullo con la que la lucimos después. Por eso, con la remera ya en casa, prometo ser el mejor custodio de la chomba y seguir intentando ser un buen embajador de la institución en el lugar que me toca.

Una ciudad que sabe que hay un hincha de Platense que anda dando vueltas por ahí, que lleva los colores marrón y blanco adonde puede, cada vez que puede, que habla de Platense cada vez que puede en los medios de comunicación en los que le toca cumplir funciones por su labor periodística, que no tiene la suerte de estar todos los sábados en la cancha por vivir a 500 kilómetros del Estadio Ciudad de Vicente López, pero que vive, sueña y está pendiente de Platense las 24 horas de todos los días del año, haciendo milagros para mirar o escuchar donde sea, como sea, cada partido de Platense desde hace décadas. Un hincha que a causa de tantos golpes futbolísticos en estas casi dos décadas de continuas frustraciones, está más enamorado que nunca de Platense.

Un hincha que, como nos pasa a tantos que estamos en el interior, no somos ni mejores ni peores que los Calamares de Buenos Aires. Somos distintos. Y nos sentimos felices de ser embajadores. De que en nuestra ciudad se diga cuando se nos nombra… “ah, sí, lo conozco, el hincha de Platense…”. Ojalá algún día los sueños que tenemos de poder dar una mano en algo al club se hagan realidad, porque sufrimos igual que todos este presente, porque añoramos igual que todos nuestro pasado, porque soñamos igual que todos un futuro mejor. Solo nos diferencia la distancia que tenemos desde nuestro lugar de residencia hasta la cancha. Pero les aseguro que el amor es el mismo. El mismo sufrimiento. La misma satisfacción cuando ganamos. El mismo llanto cuanto quedamos afuera en un reducido. La misma pasión por los colores. La misma necesidad de que esto cambie pronto, para que podamos disfrutar de un lugar mejor, que nos merecemos. Si pecamos, ya pagamos nuestras culpas. Es hora de volver, de que la historia y el presente se vuelvan a unir. En Primera, como debe ser. De mi parte, pase o no pase, orgulloso caminaré por las calles de Crespo, mi ciudad, con la remera marrón y blanca. Aunque digan “pobre pibe”, “Hacéte de Boca”, “Dejá de sufrir”, “Cómo podés ser de Platense en Crespo”, “Estás solo”, “No ascienden más”, “Para cuándo una alegría”… con más ganas todavía luciré esta remera, que quedará a través de las fotos y con el paso de los años como testimonio del amor de un Calamar que desde su ciudad ama a Platense. Y el amor no sabe de resultados. Ni de soledades. Ni de tristezas. No se explica. Se siente. Con eso ya alcanza para saber que el camino transitado es el correcto. El de la lealtad. El de la fidelidad. El del amor incondicional. Más allá de todo y de todos».

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