La realidad del arbitraje argentino no escapa a la Categoría “B” Metropolitana. A lo que se observa en Primera, no le va en saga lo que se padece también en el ascenso. Jueces mal preparados, muchos de ellos veteranos, otros sin la experiencia necesaria pero con el contacto apropiado y/o el apellido indicado.

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Los jueces de la actualidad salen fecha a fecha a protagonizar papelones en un deporte cuyos protagonistas jugadores cada vez se distancian más de las posibilidades con las que cuentan los referís de ser verdaderamente profesionales de la Justicia Deportiva.

Al hincha pasional, al que no entiende más que de su propio fanatismo para con los colores de su amada camiseta, se le podrán explicar un montón de conceptos que conllevan a esta triste realidad y no lo entendería jamás. Apelo al criterio de racionalidad de quienes gustan leer secciones de análisis como éstas donde el fanatismo da paso al necesario criterio de objetividad aún a pesar de tratarse de un Blog partidario del fútbol profesional masculino del Club Atlético Platense.

LA GRIETA PROFESIONAL

Anteriormente había mencionado el hecho de las diferencias de criterios profesionales entre futbolistas y jueces. Los primeros, entre las dos primeras divisionales de nuestro fútbol y algunos de entre los que juegan en la tercera categoría, pueden considerarse “profesionales del fútbol” por cuanto pueden “vivir” del ingreso pactado con los clubes que los contratan. Desde la “B” Metropolitana hacia la “D” el panorama se complica para el futbolista, ya que un salario mínimo no cubre necesidades básicas siquiera personales y obliga al deportista a alternar su carrera como tal con algún trabajo extra. Esa es la realidad que viven TODOS los jueces.

Con esto no justifico errores, simplemente ilustro: mientras un futbolista promedio de Platense (por citar el ejemplo) entrena diariamente una hora y media cuatro veces por semana, juegue en un quinto día y quede libre entre un día y medio y dos, y con dicho “trabajo” puede lograr sostener una familia “tipo”, un Juez que lo dirige debe tener un trabajo personal (la mayoría suelen ser profesores de educación física o docentes de otros ámbitos, aunque también los hay comerciantes y profesionales -quiere decirse, trabajos que les permiten acomodar sus horarios a su tarea como Jueces Deportivos-), y tras el mismo debe presentarse cuatro veces por semana a entrenarse por espacio de dos horas.

Mientras que el futbolista sabe medianamente cuándo juega al menos con una semana de anticipación, un Juez recibe su designación un miércoles por la noche. Si se es Principal, ahora no solo toca un partido en el Ascenso o en Primera, sino también uno como Adicional (al menos que se sea Internacional, y siempre y cuando no se trate de un “superclásico”) Si tan solamente se tratara de jugar un sábado o un domingo, como lo era hasta hace una década y media atrás, se trataría de una cuestión manejable. El asunto empeora cuando a uno lo designan un lunes a primera hora de la tarde, o un martes, o un miércoles. Recuerde que el Juez, aparte de ser referí, trabaja.

Y para finalizar, ser Asistente es peor. Como las escalas salariales difieren y mucho entre Principal y Asistente, un Linea no solo arbitra un partido del ascenso en cualquier día y horario por muy poca plata. Justamente, por ser precario el ingreso, la mayoría también juega Divisiones Juveniles o FUTSAL como para lograr hacer “esa” diferencia que el arbitraje puede permitirle, a costa -claro- de ser una especie de “entidad” para su familia en caso de tenerla constituida.

Y si hablamos de ingreso, aquí encontramos quizás una de las mayores problemáticas: se hace difícil dirigir a un deportista que en un partido gana lo que el Juez en un mes. Se hace muy difícil.

Y amén de eso, suelen ser más grandes que los futbolistas, tienen que tener mejor estado físico, y se encuentran expuestos a una presión aún mayor. No es para cualquiera.

Dicho esto, imagínese cómo puede afectarle la psiquis a un Juez que sabe que su techo fue la “C” o la “B” Metropolitana, que por mucho esfuerzo que le haya puesto sus propias limitaciones o las que imponen el “establishment” (“hijos” o “nietos de”, “apadrinados”, llámelo como más le guste) saben que no podrán avanzar a la siguiente fase, pero que ese “mango” se hace necesario para poder vivir de manera cuanto menos digna en estos momentos difíciles.

Ya sé, usted dirá “nadie los obliga”. Si, bueno, nadie nos obliga tampoco pagar lo que se paga para ir a un estadio cuyas instalaciones se caen a pedazos a ver los espectáculos que vemos, soportar las inclemencias del tiempo sin protecciones, a que nos “afanen” con los precios de los alimentos y bebidas que allí se venden y ese largo etcétera que convierten al fútbol en lo que es: algo pasional.

PLATENSE Y EL ARBITRAJE

Hasta aquí una explicación que trata de definir un concepto claro: mientras que el futbolista cada día es más “profesional” (no en cuanto a su conducta personal sino al valor de su digámosle “trabajo”), el referí sigue estancando en ese peligroso “ni” que hace que en la gran mayoría de los casos la motivación que debería existir por el progreso personal merma ante la falta de oportunidades y el debido y total reconocimiento por una actividad que se sigue pensando como cuasi amateur.

Por tanto, no es difícil pensar causas que hacen que los arbitrajes sean tan malos, y especialmente en esta Divisional donde se juntan los Jueces que pudieron ser con aquellos que aún lo desean.

En el caso particular de las conducciones arbitrales que ha sufrido y hasta padecido el Club Atlético Platense durante este Campeonato en general y con mucha puntualidad a partir del relanzamiento del Torneo en este año (lo que ha incluido la presencia de una nueva Dirigencia en el manejo del Club y, por supuesto, de esta actividad) debe decirse que tan solamente dos arbitrajes han sido realmente buenos. Y aquí comienzo a encontrar explicaciones a los que anteriormente mencionaba: los Jueces que los protagonizaron (Gastón Iglesias en el encuentro ante Tristán Suárez por la Fecha N° 8 y Rodrigo Pafundi en el partido ante Talleres de Escalada en la Fecha N° 14, ambos visitantes) NO PERTENECEN A LA DIVISIONAL. Son Jueces de la “C” que se encuentran siendo “fogueados” para ver si pueden asentarse en la “B” Metropolitana.

En el caso de Iglesias, un poco más veterano, quizás sepa que la “B” Metropolitana será su límite. En el caso de Rodrigo Pafundi, sabe que puede llegar a más, que quizás su apellido lo ayude (hijo del recordado Alberto Pafundi, ex jugador de Estudiantes de Caseros y Juez Asistente que muriese en el cumplimiento de sus funciones en un partido privado), aunque en su caso realmente no lo necesite (no lo acompaña su altura, de acuerdo a los estándares que la Board de la F.I.F.A. se encuentra aconsejando en los distintos Colegios de Árbitros)

Ambos fueron muy buenos arbitrajes. Iglesias sancionó sin pruritos un penal favorable a Platense en el partido que luego Vazzoler desperdició. Nadie le objetó nada. Pafundi no dio por valido al “Calamar” un tanto que el “Calamar” estaba por convertir pero que fue despejado cuando el balón aún no terminaba de pasar por la línea de gol, y su decisión fue acertada. Una a favor, otra en contra, ambos aciertos en circunstancias difíciles. Como debe ser.

Podrían considerarse como “aceptables” aquellos arbitrajes en los cuales hay errores pero que no terminan de ser determinantes para el resultado final, o si lo fueron los han sido protagonizados por los Asistentes. Dentro de este segmento puedo contabilizar al de Carlos Stoklas en el partido ante Fénix de la Fecha N° 2, el de Lucas Di Bastiano ante Almirante Brown por la Fecha N° 5, el de Américo Monsalvo ante Comunicaciones por la Fecha N° 11 o el de Eduardo Gutiérrez por la Fecha N° 19 ante la U.A.I.-F.C.Urquiza. Una característica: todos estos fueron partidos jugados en el “Ciudad de Vicente López”, durante la primera parte del Campeonato.

O sea, que de 26 partidos, solamente 6 fueron de bien a muy bien dirigidos. El 23% del total hasta el momento. Un porcentaje muy bajo.

A partir de allí, contabilizo la misma cantidad de partidos (6) dirigidos sobre el límite de lo aceptable (o “mediocremente”), 7 desempeños malos (calificación “4”), 3 muy malos (“3”) y 4 directamente aplazables (puntuados con un “2”)

Todos estos partidos que no dieron con la talla en los Jueces suman un total de 20. Sí, en el 77% de todos los partidos jugador por Platense hubieron errores groseros por parte de los “pitos”

El número final promediado da una alarmante muestra: el puntaje promedio del desempeño de los Jueces Principales en partidos dirigidos al “Calamar” es de 4.38 puntos. Siguiendo la escala descripta, el desempeño de éstos ha sido de Malo a Muy Malo en la gran mayoría de los juegos.

No ocurre lo mismo con los Asistentes, quienes redondean un 5.54 puntos promedio que los coloca entre el límite de lo aceptable y lo bueno.

LA SEGUNDA RUEDA Y LOS FANTASMAS DEL PASADO

Puntualmente desde que el fútbol comenzó a partir de este año, Platense no pudo contar con un arbitraje siquiera bueno. El mejor de los ocho que hasta el momento ha tenido ha sido el desempeñado por Gonzalo López Aldazabal en el partido ante Barracas Central, quien fuese calificado con un 5. A partir de allí, todo para abajo, de mal en peor.

Los fantasmas del pasado dijeron “presente” una vez más con lo sucedido ayer con Lucas Di Bastiano. Sindicado junto a Héctor Paleta de haber favorecido a Brown de Adrogué en aquella semifinal por el Reducido 2012/13, en su momento dicha eliminación con fallos arbitrales polémicos generó un torbellino dirigencial que terminó por separar a quienes actualmente conducen al Club de quien por entonces era su Presidente, el Sr. Pedro Vilariño.

¿Casualidad o causalidad? No consta ninguna de ambas. De seguro que las verdades la saben únicamente los protagonistas. En lo personal, y como expliqué en el análisis puntual del partido ante Estudiantes, a Di Bastiano le faltan conceptos personales que le permitan manejar determinadas situaciones con mayor inteligencia. No es un mal árbitro, quizás le falte “picardía” y quizás le sobre de todo eso que en el comienzo del este informe detallara: falta de tiempo para su preparación personal, falta de metas, o el conocimiento estricto de saber que haga lo que haga su techo ha sido este.

En el caso de Paleta, fue sugestivo que una vez terminada su participación en aquel partido fuese “premiado” por la A.F.A. con su primer partido de Primera División entre el Racing Club y Unión de Santa Fe en el cual la “Academia” festejó el descenso de un clásico rival Independiente con un montón de irregularidades que este Juez permitió tales como un apagón de luz que permitió notar las miles de velas encendidas y los cajones morturios que despedían al “Rojo” hacia una categoría inferior por primera vez en su Estadio.

Pequeño detalle: se sabe de la simpatía de aquel Juez por los colores albicelestes del Racing Club de Avellaneda.

SUGERENCIAS

Habida cuenta que esta realidad no va a cambiar, que es cierto que una gran mayoría de Jueces y Asistentes no gustan de visitar el “Ciudad de Vicente López” ni de dirigir a Platense donde sea por el trato que generalmente reciben desde Infantiles y Juveniles hacia la Primera (y que muchas veces no tiene que ver con lo que surge desde lo Dirigencial, a veces el destrato tiene que ver con la falta de elementos, comodidades o la irrespetuosidad generalizada hacia la figura de Autoridad que se repite entre todos los actores de nuestra Sociedad), que desde los medios de comunicación esa irrespetuosa grieta se profundiza desde lo desmesuradamente pasional y que desde lo dirigencial no parece existir la voluntad de querer solucionar el tema con una respetuosa presentación ante las autoridades del Colegio de Árbitros con las pruebas del caso o con la redacción autónoma del Informe de Desempeño Arbitral que el Reglamento prevee en su Artículo N° 170 (teniéndose en cuenta que en nuestro Club existen ex Jueces que bien pudieran desempeñar dicha tarea en la medida que acepten sojuzgar a sus ex compañeros de tareas -el corporativismo no es privativo de dirigentes ni jugadores ni comunicadores-), es que sugiero al espectador no hacerse más malasangre. No vale la pena. Esto es así. Hoy es por tí, mañana será por mí.

¿Cuántas veces habrá sido “por mí” y no nos dimos cuenta o no supimos aprovecharlo?

En definitiva, siempre me quedo con el mismo pensamiento: Si uno ataca la cantidad de veces suficiente para convertir más goles que el rival, no habrá confabulación que pueda evitar el éxito deportivo.

Ojalá la Dirigencia encabezada por el Sr. Wendt, que cuenta de puertas adentro y afuera con gente con contactos no solo en la Asociación del Fútbol Argentino como en la Argentina de Árbitros, sepan encausar esta cuestión. Que logren entender que el futbolista es un patrimonio del Club. Que un jugador como Jonathan Bustos, que paga esa entrada de un espectáculo brindado en las condiciones infrahumanas anteriormente descriptas, no merece el sistemático destrato de sus colegas y de quienes administran Justicia, se encuentren éstos en carrera o ya frustrados. Y que el principal patrimonio no es la pauta publicitaria o el aporte municipal, sino que es la cuota social del hincha que se acerca al Club a ver pura y exclusivamente lo que le interesa: EL FÚTBOL.

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