Lucas Galán será el segundo refuerzo de Platense para la segunda ronda del campeonato 2016/2017 de la Primera B. No es un delantero más, ya que llega de una experiencia bastante loca en el fútbol de Líbano. En esta nota realizada en diciembre de 2014 cuenta toda su experiencia en el Medio Oriente.

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Por Más Deportes

En aquel lejano pedazo de tierra de Oriente Medio, bañado al oeste por el mar Mediterráneo, que limita al sur con Israel, al norte y al este con Siria, que es cuna de culturas fenicia, asiria, griega, romana, europea y árabe, que refleja en la diversidad arquitectónica y social, que atesora los templos romanos y santuarios fenicios más antiguos de la humanidad, que posee uno de los índices de desarrollo humano más altos de la región, cuya capital es Beirut, que supo ser el centro financiero de Oriente, que le valió el sobrenombre de “la Suiza de Oriente Próximo” y que comenzó a desintegrarse con la terrible Guerra Civil Libanesa de 1975-1990, primero, y que hacia mediados de 2006 desató la Guerra del Líbano (un mes de duración, entre el ejército de Israel y Hezbollah), que causó muchas bajas civiles e importantes daños en la infraestructura del país, sí en aquel lado del mundo, un mendocino se gana la vida haciendo lo que mejor sabe: goles.

Es otra realidad. La de Lucas Matías Galán, un mendocino que surgió de las divisiones menores de Murialdo, que dio la vuelta con Guaymallén en el torneo de la Liga Mendocina 2005 y que, tras ser menoscabado por Jorge Dubanced en Gimnasia, comenzó a forjar su camino en distintos clubes del Argentino B hasta ser seducido por un mercado incipiente y con dinero fresco que seduce a más de uno.

“Cuando me presentaron la propuesta, la verdad que me causó sorpresa porque no sabía con qué me podía encontrar. Me comuniqué con amigos que habían jugado al menos por la zona, porque según lo que tengo entendido soy el segundo argentino (NdR: el rosarino Luciano Theiler fue el primero) en jugar aquí en el Líbano.

Una vez que llegué me encontré con un país distinto al que esperaba. Antes de firmar el contrato dije que quería conocer el lugar y ver de qué se trataba porque no tenía sentido estar quince o veinte días y no adaptarme no sólo al club, sino al país. Me encontré con un país tranquilo que estuvo en guerra hace varios años y se nota que están en un momento de mucha paz.

Realmente es un país bonito, extravagante y con un poder económico grande. Antes de venir me imaginaba un lugar humilde, pero todo lo contrario. La verdad es que no se ve pobreza por las calles, diferente a Guatemala, donde se vivía de otra manera”.

 

-¿Qué te dicen cuándo decís que sos de Argentina?
-Antiguamente vos decías Argentina y automáticamente lo asociaban con Maradona. Hoy, con Messi. Después del Mundial pasado la verdad que aquí en Líbano conocen al 80 por ciento de los jugadores de la Selección.

-¿Nos ubican en el mapa?
-Y, no sé che. Por las dudas no he preguntado (risas). No, la verdad que me encontré con gente culturalmente inteligente. Casi todos hablan tres idiomas. El 70 por ciento habla bien el inglés, y un 80 por ciento habla el francés como si fuera una lengua natal. Eso es algo que en Argentina no sucede.

Gracias a las bondades de la app Viber, su voz del otro lado del teléfono se oye clara. Como si estuviera en el barrio San Francisco de Villa Nueva, de donde es oriundo.

-¿Cómo surgió la posibilidad de jugar en un país tan desconocido?
-En Grecia tuve un gran año y me ofrecieron venir para distintos países de Asia. Uno era Vietnam, pero había que firmar en mayo y yo necesitaba vacaciones, estar con mi familia, así que agradecí y seguimos en contacto con una empresa francesa.

Grecia es un país hermoso, se vive muy bien y a nivel económico es uno de los mejores pero ahora hay un problema económico grande. Esperé propuestas para volver, pero en el momento que surgió esto, era una diferencia y por eso quise probar para ver de qué se trataba y me encontré con algo muy bueno.

Quizá el fútbol no termina de ser tan profesional como en Europa y fue un cambio grande, pero con el tiempo las cosas han mejorado mucho y estamos muy bien.

-¿En qué aspectos el fútbol no es tan profesional?
-Luego de jugar en Europa, de ver jugadores mucho más preparados o dirigentes que preguntan para aprender, aquí no tienen muy claro las formas de entrenarse, los horarios de entrenamientos, de concentración y de viajes. El país es chico y no están acostumbrados a viajar un día antes.

Lo positivo es que es un club que tiene muchas ganas de crecer. Dentro de dos meses jugaremos la Asian Cup, que es una competición muy importante.

-¿Cómo es un día tuyo en Zgharta?
-Vivo solo en un hotel que tiene departamentos. Me gusta porque tiene mayor seguridad y tenemos el estadio a diez kilómetros. Aquí tienen la costumbre de entrenarse en la tarde y realmente costó la adaptación porque estaba acostumbrado a practicar por la mañana y a hacer gimnasio por la noche.

La verdad es que entrenarme a las 3 de la tarde después de almorzar, te mata. Más para un mendocino que está acostumbrado a la siesta, je.

-Encima con las temperaturas que deben hacer…
-Ahora ya no tanto. Hace cinco o seis días que por la mañana hay sol y por la tarde se nubla y llueve mucho y cuesta mantener las canchas. Por eso, en un 40 por ciento, las canchas son de césped artificial o sintético, así que al principio costó la adaptación porque no es igual el pique de la pelota.

-¿Es un fútbol más físico?
-Es más físico en el ascenso argentino, porque siempre en Primera o Segunda de cualquier país las canchas son más grandes y hay más espacios. Para mí es más difícil jugar un Argentino B. Aquí hay un poco más de libertad.

-¿Cómo te llevas con el idioma?
-El árabe es difícil. Me manejo en inglés. El técnico nuestro es holandés, así que le entiendo bien. Pero después de estar un año y medio en Grecia, haber aprendido un montón me siento enojado y no quiero ni preguntar, je.

-¿Son lindas las mujeres?
-Realmente me sorprendieron. No sabía con lo que me iba a encontrar y la verdad es que todas las personas tienen rasgos lindos. Además, son cuidadas en el tema de la limpieza, algo que en Guatemala no era así.

-¿Y las comidas?
-Cocino y como lo mismo que en Argentina: carne, pollo, pescado…

-¿Tenés mate?
-Sí, eso es fundamental. Una de las veces que estaba en la pileta del hotel se me acercó una persona y me preguntó si lo que estaba tomando era mate. Lo conocía porque en Siria se toma mucho mate.

-¿Conseguís yerba o te llevaste de aquí?
-No me ha hecho falta porque traje diez kilos de Mendoza. Tengo que agradecer a Guille Ádamo, un amigazo de toda la vida que tiene un minimarket y cada vez que tengo que viajar me provee de yerba, alfajores y dulce de leche.

-¿Y tu situación contractual? 
-Tengo contrato hasta el 25 de mayo de 2015, pero por el tema de la adaptación pedí cláusulas para rescindir en diciembre por si surge la posibilidad de volver a Europa o a Argentina.

Tengo el sueño de jugar en algún equipo grande de Argentina, pero también en enero se espera la Asian Cup, que es una gran vidriera porque van a participar equipos de India, Dubai, Emiratos Árabes y Arabia Saudita.

-¿Dónde te gustaría jugar en Argentina?
-Hay muchos equipos grandes. Antes de volver de Grecia me hablaron de Talleres (Córdoba), pero justo descendió y jugar en tercera no era de mi agrado. Hace poco algunas personas me hablaron de Independiente Rivadavia. Las cosas no se han dado, pero uno trabaja para poder conseguirlo algún día.

-¿Si te proponen nacionalizarte para jugar en una Selección foránea qué les decís?
-(Piensa) Es complicado. Acá siempre recordamos con unos compañeros extranjeros lo que les pasó a los argentinos que se nacionalizaron ucranianos y después los llamaron para alistarse para la guerra con Rusia. Más allá de la anécdota, es algo que no pienso.

-¿Se hace una diferencia económica siendo un trotamundos del fútbol?
-Se hace. En Argentina está duro. Hay clubes que están bien, pero el resto tiene problemas. Gracias a Dios me fue bien, crecí en lo futbolístico y pude ayudar a mi familia.

 

Su lugar en el (otro) mundo

Salam Zgharta es club libanés con base en la ciudad de Zgharta, ubicada en el Norte del país, que compite en el Líbano Premier League. Fue fundado en 1971 y juega de local en el Zgharta-Mirdachiyyé Stadium, con capacidad para 5.000 personas.

La vestimenta del club tradicionalmente es rojo oscuro. Desde su fundación, el club deportivo Al Salam ha tenido como objetivo proporcionar una educación física adecuada para la juventud libanesa en Zgharta y la zona Norte.

“El club no es de los más grandes, pero es muy ordenado. El año pasado ganaron la Copa de aquí y creo que terminaron en mitad de tabla en la Liga. Por haber ganado esa Copa ahora van a jugar la Asia Cup. Realmente no conozco demasiado el poder de los otros equipos. No leo los diarios, no veo las noticias porque no entiendo nada, je”.

-¿Y la gente acompaña?
-El tema de la gente me sorprendió en el debut. No esperaba mucha gente, pero llegaron como 800 personas, que está bien. Hace poco me hicieron una nota para un canal regional y la verdad que fueron los treinta minutos más largos de mi vida. Transpiré más allí que en la cancha, je.

Nota final: tras esta experiencia que data del 2014, Galán pasó dos años más en Líbano (luego se fue al Al-Ansar de la primera división). Aparte, a mediados del 2016 pasó al Al-Tai, de Arabia Saudita, donde se mantuvo hasta hace dos meses.