De mirar para abajo con riesgo de descenso, a mirar para la parte de arriba de la tabla, ilusionarse con llegar a la Copa Argentina, y por qué no, comenzar un proceso que pueda derivar en algo más que una simple remontada. El nuevo DT se fue ganando el respeto de todos a fuerza de resultados y trabajo.

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Días antes del cierre de un nuevo ciclo técnico, en una editorial suplicábamos por un cambio, por un golpe de timón, decíamos que el sentimiento reinante era el de una desilusión gigantesca, como algo que abarcaba todo y no dejaba hendija de luz posible para pensar que se podía cambiar; que de alguna u otra manera, el Club Atlético Platense tenía la extrema obligación de superar el pésimo momento futbolístico.

La noche del 25 de octubre de 2016 marcó el final del ciclo de Juan Carlos Kopriva en la dirección técnica de Platense. Declaraciones poco claras, responsabilidades deslindadas en la prensa, como si los medios partidarios fueran los encargados de saltar al campo de juego (queda para otro capítulo del libro de la historia Calamar); el interinato de Jorge Brandoni y la pregunta que acecha con cierta regularidad en el mundo marrón y blanco: ¿quién viene? ¿quién va a agarrar?

Y llegó alguien con un apellido interesante, con cierta trayectoria en Platense, pero con Ángel. Para muchos una apuesta más, para algunos más un desconocido, para otros una idea concreta, pero lo cierto es que la llegada de Omar Labruna, el hijo de Angelito, no iba a pasar desapercibida.

Omar Labruna fue jugador de Platense en 1982, antes de emigrar a Sportivo Italiano. Su padre, el gran Ángel Labruna, fue jugador y entrenador de Platense al mismo tiempo en 1961.

Ángel Labruna jugador CAP (foto: gentileza http://porelascensocc.blogspot.com.ar).
Ángel Labruna jugador CAP (foto: gentileza http://porelascensocc.blogspot.com.ar).

 

Ángel Labruna DT CAP (Foto: gentileza llegoplatense.blogspot.com).
Ángel Labruna DT CAP (Foto: gentileza llegoplatense.blogspot.com).

 

Omar Labruna llegaba tras una breve experiencia en la B Nacional, más precisamente en Boca Unidos, donde sólo dirigió seis partidos y fue cesado por el mal rendimiento del equipo, aunque los resultados no mostraban algo tan categórico.

Y llegó Omar. Llegó la segunda parte de la saga Labruna. Su padre, Ángel, dirigió en 1961 37 partidos en total: ganó 16, empató 9 y perdió 12. Omar lleva dirigidos recién 8 partidos, con 5 triunfos y 3 empates, con 9 GF y 5 GC.

Pero no nos vamos a quedar en la frialdad de los números, ni mucho menos vamos a hacer una comparación con respecto al ciclo Kopriva. Si hay que destacar que los ánimos son otros, que cuando la pelota entra ayuda, que cuando se sacan los puntos que hay que sacar la mirada es otra, el optimismo hace acto de presencia y de a poco se empiezan a evocar aquellas «buenas y viejas épocas».

¿Qué hizo Omar Labruna? Primero, dijo 4-4-2 a rajatabla. Lineal pero dinámico, con proyección de lateras, pero siempre mirando que cada línea cumpla con cada número. Segundo, sabe que en esta divisional la premisa es sacar los tres puntos de local y de visitante ir a pelear por el triunfo (una especie de Pedro Monzón Style pero con una idea más de combate cuando se va a otros estadios). Tercero, supo poner a cada jugador donde corresponde y resaltarle los atributos futbolísticos que le permiten pertenecer a la actividad: Emiliano Carrasco se transformó en marcador de punta derecho con proyección al ataque y con gol (¡¡Y qué goles!!), Leonardo Talamonti es la voz de mando en la defensa, Fernando Lorefice y Julio Mozzo son el doble cinco eje del mediocampo y ente regulador de cada ataque Calamar, Jonathan Bustos y Luis Quiroga son los creativos del equipo, siendo una especie de Gemelos Fantásticos, que cuando se juntan se potencian y hacen estragos en las defensas rivales.

Pero vamos a deternos en un jugador: Patricio Rodríguez. En los papeles, está jugando en la misma posición que lo ponía Kopriva y que generaba cierto malestar en el tucumano. ¿Dónde está la diferencia? No se queda estático en la delantera, retrocede unos metros, envía centros, asiste, funciona como arrastre de marcas, convierte goles decisivos, se podría decir que está recuperando la forma que le supimos ver antaño.

Hay dos elementos que no se deben dejar pasar y que funcionan como un indicio de que se encontró un camino entre tanta tiniebla: por un lado, la unión del grupo. Tras el triunfo en condición de visitante ante Excursionistas, se publicó una foto grupal en la que también estaba presente el cuerpo técnico en primer plano, destacándose el propio Labruna y Leonardo Aguirre.

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Y aquí llega el segundo elemento a considerar: el propio Aguirre, alguien que ha laburado mucho en Platense, de manera silenciosa, y que seguramente en la actualidad aporta esa cuota de «mística», «conocimiento», que encierran los colores marrón y blanco.

Si estimado hincha Calamar, sé que esto recién empieza en cuanto al nuevo técnico. Si querido hincha, sé que sufren demasiado los partidos y que el equipo termina jugando muy atrás (cualquier reminiscencia al Monzón Style es válida). Pero también es válido señalar que Labruna entendió el momento, supo levantar a un plantel desmoralizado, la realidad del Calamar se acopló a sus necesidades de revancha y de efectividad. Para los lujos y para la holgadez en el resultado hay tiempo, lo que se necesita en esta realidad son victorias.

Claro, todo es más fácil cuando se tiene un Ángel…

 

1 Comentario

  1. NUNCA EL EQUIPO DE MONZON AVANZO EN EL CAMPO CON LA CANTIDAD, CALIDAD Y VELOCIDAD CON EL QUE AVANZA ESTE EQUIPO.
    CON TODO RESPETO POR TU APRECIACION, PATRICIO, CREO QUE, AUN HABIENDO TOMADO UN FIERRO INCANDESCENTE, LABRUNA JAMAS COLGO AL EQUIPO DEL TRAVESAÑO.
    SALUDOS

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