Estas líneas para el siguiente comentario están escritas desde la total y completa desilusión. Desilusión número… ya perdí la cuenta. Porque vio como es esto, estimado hincha de Platense. A usted le pasa lo mismo que nos pasa a todos, una nueva esperanza e, inexorablemente, una nueva desilusión. Que cada vez aparece más pronto, como ahorrándose el tiempo del misterio y la intriga, total ya esta gente está acostumbrada, dirá la desilusión para si misma.

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La única puntualización que voy a hacer la haré en este momento, y es respecto a este último proceso técnico. Se trajo el técnico que se pedía durante largo tiempo, a los jugadores que ese mismo entrenador pidió y que generaban ciertos ánimos de buenas expectativas, salvo las excepciones puntuales que siempre existieron desde hace varios mercados de pases a esta parte. Peeeero, no funcionó, los jugadores que antaño eran muy buenos, apenas pasan de discretos. Un técnico que era efectivo, es timorato y generador de cuestionamientos a su forma de juego. La historia en otros equipos es innegable, pero ojalá se pudiera negar este presente.

Ya no se pueden buscar más excusas porque no las hay. Porque se cambia todo y el resultado es el mismo. Porque se juega con la esperanza de la gente. Porque uno podría tener pensamientos negativos y considerar que hay algo que no se está contando puertas afueras, por culpa de esos famosos códigos. Porque hace casi 17 años que se vive del recuerdo de partidos y de sólo un campeonato, aunque el 80% de la historia sabemos que es de desilusión.

Antes, Platense era «el fantasma de la B», era el que enviaba al descenso al resto de los equipos, el que iba a cualquier cancha y le hablaba de tú a tú a los grandes. Hoy Platense es todo lo contrario: revive equipos, permite que otros den la vuelta olímpica en su cancha, rehabilita goleadores rivales y a jugadores mediocres los convierte en eximios deportistas. Uno no pide que de un día para el otro se vuelva a ser el de antes, pero al menos, y producto de este horroroso presente, que se empate la historia, que no sea un equipo fácil de superar, que pueda ser un equipo que por lo menos le arruine las expectativas del rival.

No se puede, ni se debe, seguir jugando con la inteligencia de la gente. Platense se está cayendo, Platense está en territorios donde nunca se pensó que podía estar, sin embargo es la triste realidad desde hace ya 17 años y sigue en aumento la cuenta. Pero eso no debe ni puede conformarnos; aunque ojo, tampoco se puede pretender que el año que viene volvamos a ser lo que fuimos hasta 1999. Equilibrio. Ya sé, señor lector, que le estoy pidiendo una plantación de peras al olmo, pero es lo más sensato en momentos en donde todo es desilusión.

Acá no interesa si tal o cual hizo tal o qué cosa, acá hay que dejar la ambición por el bronce de lado. Es cierto, uno está pidiendo cierta actitud que no sólo en el mundo Platense, sino que en el mundo futbolístico en general, no es abundante; pero la gracia es que cuando aparecen esos gestos, marcan un camino.

Vuelvo al fútbol. El equipo juega mal. Los planteos son malos. La autocrítica es mala. El sinceramiento no existe. Se escucha lo que puede generar cierto malestar, pero no lo que puede redundar en beneficios. El encono de la discusión pasa por ser una cosa o la otra, y eso se refleja en el verde césped. Pero muy pocos están analizando qué hacer con este presente.

¿Sabrán los protagonistas de este presente gris lo que sienten los héroes de antaño, esos que dejaron la vida por los colores marrón y blanco? ¿Sabrán los protagonistas de este descalabro deportivo lo que sienten los hinchas que eran asiduos visitantes de los grandes coliseos deportivos de este país? Muchos tienen razón: la heladera en la cocina, el bidet en el baño. Todos completamente de acuerdo, ¿o no?

Acá la culpa no es de alguien puntual, o «alguienes» puntuales. Acá no se trata de tal o cual dirección política, de tal o cual jugador con buen o mal rendimiento. Acá se trata de todos: de los que hacen mucho, de los que hacen algo y de los que no hacen nada. De los que hacen todo por los colores y de los que lo hacen por otros intereses. De los que critican en vivo y en directo y tras un teclado. De los que van a todas las canchas y de los que nunca fueron. La culpa y la responsabilidad es de todos aquellos que nos dignamos de llevar en la piel los colores marrón y blanco.

Antes, siempre faltaba el puchito para llevarse el premio grande. Hoy, con suerte postulamos para el sorteo por los premios sobrantes. Y parece que este presente no alcanza, porque hay sobradas pruebas de que aun en el furor de la derrota, se puede parar la pelota, pensar en frío y recomenzar.

¿Tanto pesa el escudo bordado en la camiseta? ¿Tan pesado es el nombre de la institución? ¿Tanto temor genera dar mal un pase ante el público local? ¿Cuánta influencia tiene en la toma de decisiones el nombre Platense?

Sepan escuchar. Sepan leer. Sepan interpretar. Sepan decidir. Todos. No sólo un sector, o un conjunto de gente. Todos. Empápense de la historia. Todos. No sólo los dirigentes, no sólo los jugadores, no sólo los hinchas, no sólo los periodistas partidarios. Todos.

Basta. De lo que se supone bueno y de lo que se supone malo. De las incertidumbres. De los recuerdos. De las postulaciones sólo para quedar en el bronce de la historia. De la heroica, porque en una de esas quién sabe…alguien se manda un unipersonal y le sale. Basta de las medias tintas. Basta de las suposiciones. Basta de desilusiones.

Aclaración, porque seguramente saldrán a la palestra personas a resistir lo que se dice en estas líneas, porque seguramente algunos saldrán a decir que no es tan así, que no todos son así, que de mi no se puede hablar en ese tono, que uno está generando sospechas y todas esas cuestiones discursivas que también aburren y de las que uno también dice basta. No se está hablando de nadie en particular, se habla de Platense como un todo, como un CLUB que está integrado por los hinchas (independientemente del grado de participación que tengan en la cotidaneidad del mismo) y de todos los que se calcen la camiseta marrón y blanca, puntualizando EN ESTE CASO NADA MÁS en el fútbol.