Tras el largo receso, y a pesar que en la previa intuitivamente sabíamos que ante Barracas Central iba a ser muy difícil poder alcanzar un resultado positivo, los hinchas de Platense manteníamos una tibia esperanza de poder ver algo distinto tras el arribo de un entrenador conocedor de la divisional y de una serie de refuerzos que llegaron con la pontificada bendición de haber sido “los que solicitó el técnico”.

A 2

La promesa de ver un esquema táctico distinto al habitual y clásico “4-4-2” elevó la conciencia del sufrido simpatizante. Pero toda esperanza se diluyó como humo sobre el agua, una vez más, en el maldito reducto de Luna y Olavarría.

Dos equipos, dos partidos

Por un lado hubo un equipo, Barracas Central, que armado con lo mejor que se podía conseguir y con un presupuesto que debería estar prohibido en haras de querer normalizar de alguna bendita vez las estructuras de nuestro fútbol se mantuvo fiel a una Idea futbolística donde todos atacan y todos defienden. Pero más allá de los nombres, el funcionamiento de lo actitudinal fue lo fundamental del equipo de Fabián Nardozza. Así vimos llegar en ataque al Germán Mandarino (lateral derecho), o defender a Juan Martín (el hombre de punta), pero no ciertamente por tramos, sino durante todo el partido. Sí, la clave del éxito de Barracas Central ante Platense fue, sin dudas, no desordenarse y correr durante los 90 minutos.

Enfrente hubo otro, Platense, que se recostó sobre la frescura que le dio el fútbol de un muy liberado Agustín Palavecino, quien como conductor del juego hacía trasladar el balón de una punta hacia la otra. Además, a eso le sumó precisión en la pelota parada y generosidad en su despliegue. Pero la mayor parte de sus compañeros (sobre todo los más veteranos) no parecieron entender el mensaje y no se movieron dentro del terreno con la misma dinámica del primo de Erik Lamela o del voluntarioso Darío Leguiza (entiéndase, dos juveniles del club). Cada uno se movió dentro de los límites de su “competencia”, y en determinados momentos con una exacerbada lentitud. Platense no pudo sostener un constante ritmo de juego durante los 90 minutos, y allí es donde perdió el partido.

Un capricho que costó caro

Juan Carlos Kopriva intentó practicar ese sistema de tres jugadores en defensa, dejando a Talamonti como líbero y a Gómez y Markunas como stoppers, confiando en que tanto Leguiza como Carrasco se podrían transformar en el cuarto y quinto defensor cuando Barracas atacase. Lo cierto es que en el análisis previo al comienzo del torneo este humilde analista no se equivocó cuando advirtió sobre la peligrosidad del sistema en una categoría con jugadores de tercer nivel, sobre todo por los retrocesos. Y cada retroceso de Platense se asemejó a las correrías de cual Olmedo y Porcel en medio de un escándalo en un burdel.

También destacaba que para practicar este sistema, sus componentes deben conocerse más que bien. Quizás el lector piense: “¿No fueron suficientes tres meses de preparación?” La respuesta es NO. Porque el conocimiento debe venir acompañado de la experiencia, y en la defensa de ayer nos encontramos solamente con Leonardo Talamonti como jugador auténticamente experimentado (Gómez debutó como profesional a los 24 años en nuestro club, Markunas no llega a sumar diez partidos como profesional, Carrasco fue más lo que no jugó que lo que jugó -y no es defensor- y Leguiza no suma muchos más partidos que el longuilíneo de ascendencia lituana).

Si les afirmo que lo que intentó hacer Kopriva es tácticamente suicida, no me subestimen.
Y aún así, lo que hay que agradecer es que uno de los stoppers no haya sido Daniel Delgado, porque con lo afilado que estuvo la gran figura del partido, Matías Sproat (jugador sobre el cual vengo insistiendo hace ya mucho tiempo), y teniendo en cuenta que adelante el rival contó con jugadores como Juan Martín o Víctor Gomez, la derrota quizás pudo haber sido sufrida de otras formas y por otros resultados. Así las cosas, primer punto a reveer (urgente), el sistema defensivo.

El último entrenador que en Platense intentó jugar así en defensa duró exactamente cinco fechas en su cargo, se llamó Roque Raúl Alfaro. Platense (y cualquier equipo de este nivel) no puede resistir trabajar la defensa con tres jugadores. Debe jugarse con cuatro, y los centrales deben ser Talamonti y Reta. El lateral por izquierda Nicolás Morgantini (Federico Markunas a duras penas si puede con su función natural, menos puede hacerlo de cuatro porque además es lento), y por la izquierda se verá la continuidad de Leguiza, que no es menos que Infante a pesar de jugar con perfil cambiado.

Sustentabilidad

A bDicho término se encuentra de moda. Platense necesita un proceso “sustentable” en el tiempo, uno que se caracterice por la seriedad en todas sus ramas.

Por ejemplo: bien Kopriva en sostener dentro del esquema a Emiliano Carrasco porque el jugador que vino a buscar su revancha personal desde el Federal “B” dio todo de sí para lograr no solo quedarse, sino ahora para ser titular, y de hecho se llevó su merecido premio marcando el gol de Platense más allá de cómo haya sido su rendimiento particular.

Durante la pretemporada, el marplatense conectó dos centros de gol, y convirtió en dos oportunidades, por lo que uno entiende que lo acontecido en la tarde del lunes no fue producto de casualidad. Y, por ejemplo: mal Kopriva en incluir sin entrenamientos previos ni concentración posterior a Francisco Vazzoler, jugador que venía arrastrando una molestia física, relegando a quien mental y físicamente se encontraba mucho mejor preparado para salir a jugar, Lucas Volken, futbolista que viene superando la cronicidad de su lesión aquileana y que en la pretemporada convirtió seis goles en nueve partidos.

Vazzoler trotó el campo de juego, se encontró lejos de las mayorías de las acciones, y sus únicas acertadas intervenciones fueron las de ser pivote en el intento de articular juego entre los mediocampistas centrales y Patricio Rodríguez, otro jugador que se desempeña en una función no natural.

Así las cosas, y con todo el tiempo que existió para incorporar y armar un equipo, si bien nos encontramos con un plantel que cuenta con riqueza de opciones, termina el entrenador por improvisar funcionamientos y nos logra desconcertar realmente a todos. Segundo punto a reveer (con más tranquilidad, pero no tanta), el posicionamiento de los jugadores de acuerdo a sus reales características, y el sostenimiento dentro del “once” de los que en mejor estado estén, independientemente del nombre y el apellido (claramente no fue lo ocurrido en el caso de Vazzoler/Volken)

El futuro

El domingo Platense debutará en su estadio ante Fénix. El resultado no puede ser otro que el triunfo. Y Fénix no es un rival para subestimar, por más que en esta ocasión el historial nos sea absolutamente favorable. El Sr. Kopriva deberá recoger este guante, que sintetiza un poco lo que todos hemos visto y él también deberá digerir, que se ha equivocado en su planteo y que volver a lo clásico le asegurará mayores éxitos que fracasos.

No buscar más excusas en los errores arbitrales, o en el estado del terreno, o en los días y en los horarios. Los errores sobre los que hay que trabajar son los nuestros. Los podemos tener, los podemos pagar caro, pero son sobre los que se pueden trabajar. Si uno ataca los 90 minutos, tiene más posibilidades de convertir y así evita el ser convertido. Si uno corre los 90 minutos, tiene más posibilidades de agotar al rival y revertir aún situaciones adversas. Si uno juega con los mejores jugadores, tiene mayores posibilidades de poder trascender en el resultado y se gana el respeto del colectivo, sean dirigidos, dirigentes o simpatizantes. Solo se necesita ese nivel de compromiso. Solo se necesita ese nivel de responsabilidad.

2 Comentarios

  1. DE ACUERDO ABSOLUTAMENTE EN TODA TU CRITICA. LO QUE ME PREGUNTO ES: ¿PORQUE LOS TECNICOS QUE VIENEN A PLATENSE DISCREPAN TANTO DE NUESTRA VISION? LA REALIDAD QUE NO OBTIENEN BUENOS RESULTADOS.
    LA PRIMER AUTOCRITICA DE KOPRIVA FUE ECHARLE LA CULPA AL ARBITRAJE. COMO SI HUBIERA INCIDIDO EN LAS NO MENOS DE MEDIA DOCENA DE INTERVENCIONES MANO A MANO DE MASTROLIA CON JUGADORES DE BARRACAS.
    ¡EN FIN!…

  2. No lo intento justificar, pero pienso que la visión que uno tiene del campo del juego «desde el llano» no es la misma que la que tenemos desde la pantalla del televisor o desde el Estadio. Por algo los entrenadores de rugby no observan el partido al nivel del campo, lo analizan desde una cabina y toman decisiones en conjunto con sus colaboradores. Hasta ahí. Ahora bien, sí, cansa excusarse en lo que hace mal el otro. Ayer Morón jugó los primeros treinta minutos del partido con línea de tres, como hizo Kopriva ante Barracas durante todo el partido, y Tristán Suárez lo vapuleó, le marcó dos goles, cada ataque del «Lechero» era medio gol por una cuestión sencilla: los jugadores de este nivel no están en condiciones físicas, mentales ni técnicas para poder jugar con este Sistema. Pero a diferencia de Kopriva, Otta aprovechó la lesión de Rodrigo Díaz para rearmar la defensa y pararla en cuatro, y allí el partido se «normalizó». Lo que tengo entendido es que esta forma de jugar fue consensuada con la Comisión de Fútbol, y que el Entrenador no acepta discutirla. Así las cosas, creo que Kopriva seguirá intentándolo y que en la sexta fecha deberemos estar buscando un nuevo Cuerpo Técnico. Espero equivocarme. Abrazo.

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