Ayer se cumplieron 29 años del histórico partido en el cual Platense le ganó 3 a 2 a River en el Monumental y obligó a un desempate con Temperley. El “Calamar” caía 2 a 0 pero Gambier lo salvó.

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A 28 años del triunfo frente a River Plate por 3 a 2, que salvó al Calamar del descenso directo y lo mandó a desempatar con Temperley. Una verdadera hazaña a lo Platense.

Cualquier suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa. Esa es la definición que arroja el diccionario cuando se busca la palabra “milagro”. Y, francamente, lo sucedido aquella tarde del 2 de Mayo de 1987 en el Monumental reúne todas esas condiciones. Fue raro, extraordinario y, por sobre todas las cosas, maravilloso. Faltando 25 minutos para que terminara el campeonato, Platense perdía 2 a 0 contra River y sentenciaba, de esta manera, su descenso a la “B”. Ni la igualdad le servía, sólo valía la victoria para poder forzar un desempate con Temperley. Menos de media hora para torcer una historia que parecía tener un final escrito con lágrimas para la gente de Saavedra. Pero el fútbol es la lógica de lo impensado y muchas veces da lugar a sucesos como éste. Los milagros siempre traen consigo semidioses que son capaces de hacerlos realidad aún en las circunstancias más adversas. Y esa tarde el héroe tuvo nombre y apellido: Miguel Ángel Gambier. El hombre que nació el 26 de junio de 1961, en Pellegrini,  entró al campo de juego faltando 30 minutos para que finalizara el partido y anotó los tres goles con los que logró devolverle el alma al cuerpo de Platense.

River no se jugaba nada en ese partido. Era la última fecha del campeonato y no tenía chances de ser campeón. El título se lo disputaban los dos equipos rosarinos. Central, que el año anterior había ascendido de la “B” y finalmente fue el ganador, y Newell´s. La Lepra ya había vencido por 4 a 1 a Italiano y esperaba a que el equipo del sur de Buenos Aires lograra una victoria para poder alcanzar un partido definitorio con su clásico rival para consagrar al campeón.

Rosario Central y Temperley arreglaron el empate, que era lo que le convenía a los dos. Cada uno con un punto lograba su objetivo: salir campeón y mantener la categoría respectivamente. El partido terminó 1 a 1 –como era de suponer- y todos contentos festejando lo suyo. River Plate estaba ganando 2 a 0 cómodamente en el Monumental y nadie suponía lo que iba a ocurrir minutos después. Gambier ingresó en el segundo tiempo y anotó, en menos de media hora, tres goles que dieron vuelta la historia en favor de Platense, que de esta manera logró llegar al partido desempate con el conjunto del sur para ver quién mantendría la categoría y quién descendería a la “B”. Increíble pero real.

El héroe: Miguel Ángel Gambier recuerda su tarde histórica y el milagro de Platense en el Monumental: “No iba a jugar el partido, estuve a punto de no concentrar. Después de ser titular todo el torneo, el Chamaco Rodríguez me informó que me sacaba, justo el día que nos jugábamos todo. Aparte no me dio ninguna explicación. A veces el técnico te saca pero te alienta, te dice que sigue creyendo en vos, que te va a volver a tener en cuenta. Nada, me sacó y listo. Por eso decidí que no iba a concentrar. Sin embargo, mis compañeros me hablaron mucho y me convencieron. Alejandro Nannini me dijo algo que me hizo cambiar de actitud: -si vos no jugás, la gente va a decir que te borraste en el último partido y no te lo merecés-, me dijo. Y acepté ir al banco.

Tengo que confesar que entré pensando que estábamos liquidados. Porque ni siquiera nos dijeron que Rosario Central había empatado. Y bueno, me dije, igual voy a tratar de dejar todo lo que tengo, si perdemos que sea luchando. El Chamaco me dijo que jugara de nueve, bien de punta.

La primera pelota que toqué fue gol. Alfaro Moreno mandó un centro desde la izquierda, salté con Gutiérrez y de cabeza le cambié el palo al arquero. Entró justo en el ángulo derecho, arriba. Ahora tenemos que empatar, le dije a los muchachos. Para que la gente vea que por lo menos lo intentamos.

Tampoco iba a patear el penal. Ocurre que antes el encargado era yo, pero que desde que estaba Rodríguez los pateaba Nannini. Alejandro tenía un calambre y no podía, entonces dije que me lo dejara, yo estaba descansado y con la mente fresca. Me lo dejó y la toqué a la punta izquierda, más colocado que fuerte.  Entró y empatamos. Era la nuestra, ahí sí teníamos que ir con todo a buscar el triunfo. En el primer tiempo River pudo hacer más goles, pero ahora nosotros los estábamos superando, se podía dar.

Un segundo antes del tercero había cabeceado y se me fue pegada al palo. Pero en ésta, el centro del Gerardo González me cayó perfecto y metí el derechazo con todo. Era el tres a dos. Sentí una emoción fuerte, pero no sabíamos nada como iba Temperley. Segundos después terminó el partido y desde el banco vinieron corriendo a abrazarnos. Ahí nos enteramos que habíamos alcanzado el desempate. ¡No sé lo que sentí en ese momento! Algo muy profundo, hay que vivirlo para darse cuenta porque fue como un milagro, que nos salváramos y que me tocara a mí hacer los tres goles después de todo lo que había pasado.

Quedamos concentrados ese mismo día, esperando el partido con Temperley, y me acuerdo que nos dieron dos horas libres. Me fui a mi casa de Belgrano a celebrar con Graciela, mi mujer. Me puse muy contento por los hinchas que sufren y alentaron tanto, por mis compañeros, y por mí también porque hacía tiempo que no andaba bien con el gol y quería demostrar que nadie está exento de una mala racha. También por Mario Brandone, un dirigente extraordinario. A él le dediqué el triunfo y los goles. A Raúl Ferrari, también. Jugar acechado por el descenso es desesperante, el nerviosismo quita serenidad, precisión, porque uno no se quiere ir y en vez de jugar tranquilo hacer cualquier cosa. Ese fue el momento más feliz de mi vida deportiva. Con el Chamaco no hubo ningún problema después. Incluso me felicitó, me dijo que era una fiera, que la rompí”.

 

La ficha del partido

Resultado: River Plate 2 – Platense 3
Estadio: Antonio Vespucio Liberti (Recaudación: 25.874,50 australes)
Fecha: 02/05/1987
Árbitro: Abel Gnecco.

River Plate: José Miguel; Rubén Darío Gómez, Nelson Daniel Gutiérrez, Pablo ERbín, Gordillo y Zapata; Américo Gallego, Morresi, Néstor Gorosito; Antonio Alzamendi y Salaberry.
DT: Héctor Veira

Platense: Fortunato, Felipe Bellini, Jorge Luis Avalos, Larramendi, Aponte, Desanto, Callipo, Marcelo Espina, Gerardo González, Alejandro Nannini y Alfaro Moreno.
DT: Chamaco Rodríguez.

Goles: Morresi 49´(RP), Aponte e/c 59´ (RP), Gambier 67´, 83´ -p- y 89´ (P).
Cambios: 60´Gambier por De Santo y Vieta por Larramendi (P). 89´Sperandio por Gorosito y Medri por Salaberry (RP).
Expulsiones: 90´ Gallego (RP).

 

Hernán Buzzella – Gustavo Lamy – Nico Landoni – Andrés Stahler

Prensa Club Atlético Platense

5 Comentarios

  1. También se dijo que el «Tolo» Gallego había dado una orden a su equipo (integrado por algunos juveniles tales como el arquero José Miguel -17 años por aquel entonces-, el «Chapa» Gustavo Zapata -luego jugaría una temporada en la B Nacional para Temperley- y Pedrito Sallaberry) de no hacerle demasiada fuerza a Platense en el segundo tiempo. Como sea, el resultado se remontó con fútbol y goles. Con el tiempo, el «Gato» Miguel se transformaría en aquel muy buen arquero del equipo que de la mano de Ricardo Rezza protagonizara una excelente campaña durante la Temporada 93/94, Pablo Erbín jugaría varias temporadas en los últimos equipos en la «A» y Claudio Morresi se despediría del fútbol grande con la «marrón y blanca» al finalizar el Torneo 91/92. En tanto, para Platense jugaban Marcelo Espina (quien había hecho inferiores en River Plate) y el «Colorado» José María Vieta, quien surgió precisamente del «Millonario».

    • UN RECUERDO DE ESE PARTIDO QUE TENGO ES EL SEGUNDO GOL DE RIVER. ALZAMENDI (QUE ESTABA EN SU MAYOR MOMENTO DE VELOCIDAD FISICA) RECIBE EL PASE Y EMPIEZA A CORRER A MEDIA MAQUINA, SEGUIDO POR UN MARIANO APONTE QUE EN SU MEJOR ESFUERZO, IBA ALGUNOS METROS ATRAS.
      EL URUGUAYO TIRA UN CENTRO RASANTE INOFENSIVO QUE SE ENRIEDA EN LOS PIES DE MARIANITO (QUE VENIA A TODO VAPOR) Y TERMINA EN EL ARCO.
      LA BICICLETA DE NUESTRO 3, LO HUBIERA TRANSFORMADO EN GOLAZO SI LA JUGADA HUBIESE SIDO EN EL ARCO CONTRARIO.

  2. Sigamos haciendo ejercicio de memoria. ¿Qué pasó con aquellos jugadores tras esa temporada?
    Continuaron en Platense Carlos Fortunato, Felipe Bellini, Jorge Avalos, Mariano Aponte, Guillermo De Santo, Norberto Callipo, Marcelo Espina y Carlos Alfaro Moreno. Claudio Larramendi se fue a Guaraní Antonio Franco de Misiones (descendió al finalizar la temporada), Gerardo González se fue a Estudiantes de La Plata y el «Pampa» a Gimnasia y Esgrima. Nannini fue a San Lorenzo (tras sus dos etapas en Platense, siempre los destinos de este habilidoso pero raro futbolista fueron clubes grandes, tras la temporada 90/91 emigró a Independiente) El «Colo» José María Vieta jugaría en Talleres de Córdoba

    • TAL VEZ PUEDA AGREGARTE QUE HABIENDO CHARLADO CON GENTE QUE SE ATRIBUIA ESA CONVERSACION CON EL TOLO.
      EL COMENTARIO ANECDOTICO QUE ATESORO (CON LA CERTEZA INCIERTA DE LO QUE HA DEJADO ESTA HISTORIA), ES QUE CUANDO SE LE PREGUNTO A GALLEGO CUANTO QUERIA POR ESTE ARREGLO, EL MISMO CONTESTO QUE ESTAS COSAS SE HACIAN POR AMISTAD. SITUACION CREIBLE PARA ESA EPOCA DONDE LOS CODIGOS NO ERAN CODIGOS, SINO FORMAS DE EDUCACION Y RECONOCIMIENTO.

      PRODIGIOSA MEMORIA LA TUYA, K-WELL. ¡MIS SINCERAS FELICITACIONES!.

  3. Históricamente existió esa situación de respeto entre los jugadores, más entre aquellos colegas de clubes tradicionales en determinadas divisionales. Hoy eso ya no existe. Eso murió con aquellos jugadores. Ramón Díaz, quien hizo el curso de técnico en las instalaciones de nuestro Club, en aquella dura mañana del 99 en la que descendimos le ordenó a su equipo a «aflojar» porque Platense descendía y aquel River estaba para hacerle 5 o 6 goles en Vicente López. Saviola no le hizo caso, siguió haciendo lo que debía hacer, y el «Pelado» al finalizar el partido se agarró las manos y miró a la platea solicitando las disculpas del caso. Hoy eso ya no existe. Hoy todo pasa, fundamentalmente, por el dinero. Y aquellas cosas, como las del 87, no se hacían por plata. Ni en Platense -donde dinero no había y aún así se la pasaron 40 días concentrados para tratar de sacar la situación a flote- ni en River, equipo que venía de ganar todo con el «Bambino» Veira y que podría haberse aprovechado de la situación para sacarse de encima a un rival que constituye su natural clásico. Se hicieron por respeto. Se hicieron por dignidad. Hoy esa ya no existe.

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