Jorge Alberto Brandoni salva nuevamente la ropa. Como aconteciera tras aquella derrota ante Flandria, y luego de los cuestionamientos que dos nuevos y pálidos empates en cero levantaran sobre su continuidad, el equipo sacó de su galera este verdadero “conejo pascual” que fue la victoria por 3 a 1 ante una de las más pálidas versiones del Deportivo Morón de los últimos tiempos jugando un fútbol aplicado y efectista.

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Con la conocida intención “dogmática” del Entrenador de mantener de manera férrea el “0” en su propio arco, el “once” que salió a la cancha en el mediodía del pasado sábado le sumó a su seguridad defensiva (esa que obliga a sus rivales a tener que abusar del remate de media distancia o tratar de aprovechar la pelota parada) la efectividad de la que había carecido en otras (contadas) ocasiones, con actores más bien conocidos.

Así las cosas, y más allá de la afición táctica por superpoblar de mediocampistas el terreno de juego, esta vez quedó demostrado que con orden y disciplina se puede llegar al gol tanto con bonitas jugadas (como la del primero) como con picardía (excelente lectura de Palavecino y genial interpretación de Daniel Vega) y carácter (premio al esfuerzo individual el tercero de Quiroga) Y si bien más allá de esos arrestos situaciones no sobraron, el premio a ese efectivismo que predica el entrenador se lo terminaron por llevar otros tres jugadores que necesitaban imperiosamente decir “presente” en la red.

Curiosidad: en este Platense Transicional ningún jugador es goleador, ya que los 7 goles que el “Calamar” lleva convertidos han sido marcados por diferentes futbolistas. ¿”Curiosidad” dentro del esquema de un entrenador que obliga a un sacrificio casi permanente por mantener el arco propio sin goles para tratar de ver cómo se llega a convertir en el contrario?

Si bien es cierto que Walter Otta hizo lo que pudo para que Platense estirara diferencias al retirar al único volante central nato que tiene el “Gallo” (Toledo), con un hombre menos durante gran parte de la segunda mitad Platense no se desordenó, aunque dió cierta escozor tener que haber enfrentado al rival durante muchos minutos sin un delantero dentro del terreno de juego.

Y aún así, tras 80 minutos de altísima concentración, quiso el terreno, la climatología, o las torpes manos de Desábato (otra vez tan esquivo a un rendimiento apenas aceptable en un partido ante el Deportivo Morón) hacer regresar rápidamente todos esos fantasmas ante un equipo que logró vencer el imponente invicto de partidos sin recibir tantos en arco alguno del “Ciudad de Vicente López” tras aquel desesperado remate de Emmanuel Giménez, y ya sobre el epílogo con el cabezazo de Federico Turienzo que reventaría el travesaño del arco que le da la espalda a la “Roberto Goyeneche”.

Más allá de eso, es tiempo de ponderar lo positivo de un proceso que aún da pelea y que se posiciona sexto a seis puntos del lider Fénix. Platense definitivamente se ha convertido en un equipo muy difícil de convertirle goles. Los únicos dos tantos los recibió mediante una pelota parada y un remate de media distancia, pero más allá de sofocones que cualquier equipo puede sufrir a lo largo de un partido, a Platense no le convierten goles de jugadas colectivas, y eso habla a las claras de la solidez defensiva que caracteriza a los dirigidos por “Palito” Brandoni. En cambio, aunque aún resulten pocos, Platense cuenta con la capacidad de poder marcar tantos con jugadas elaboradas.

Y, reitero, no es casual que dentro de un esquema táctico ampliamente sacrificado, Platense no cuente con un goleador neto, que sus siete goles convertidos se encuentren distribuidos en siete futbolistas distintos, y que desde el mediocampo hacia adelante casi todos los elementos con los que cuenta Brandoni hayan dicho “presente” en la red.

Más allá de gustos personales, lo que marcadamente le juega en contra al dispositivo de Brandoni es la corta periodicidad del presente campeonato, a cuya mitad llegaremos tras el choque con Defensores de Belgrano este próximo día viernes. Dicha estrechez de márgenes genera un lógico nerviosismo en propios que desean poder destacarse más (quedó evidenciado en la “molestia” que le causó a Patricio Rodríguez tener que ser sustituido en el último partido) y en extraños que ven cómo se le están escapando oportunidades de poder seguir encaramados en el lote de punteros. Hacia esos rivales se dirige esta nave. Aún no está dicha la última palabra.

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