El “Calamar” sigue sin encontrarle la vuelta al juego colectivo. El empate sin goles en Caseros ante Estudiantes de Buenos Aires es prueba fiel de lo que ya se viene denotando al comienzo de este torneo. El marrón depende de las individualidades para llegar al arco rival. En la tarde del domingo fue el “Patito” Rodríguez por un lado, y el “Popi” Quiroga (en menor medida) por el otro, los encargados de encarar y trasladar la pelota, pero nunca se pudieron encontrar, quedaron a kilómetros uno del otro.

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El resto del equipo acompaña para la descarga, pero no aporta en la transición ofensiva… ni Molina Fariña, ni Humbeto Vega, ni el mismo Lorefice tocan de primera y generan un hueco, un espacio por donde se puedan filtrar, o una asistencia en profundidad. Y esta situación se agrava aún más cuando se juega con un solo delantero en cancha. Brandoni probó, ante la ausencia por desgarro del “Chipi” Vera (que se suma a la lista de lesionados en la que ya se inscribieron Leandro Kuszko y Jonatan Bustos) una alineación 4-5-1 con Campozano como único punta (más Rodríguez de falso delantero); misión imposible la de inflar las redes ajenas mediando un abismo entre el ex Colegiales y el resto del equipo. Tímidamente acompañaban en ese rol ofensivo el “Pato” y Quiroga muy lejos de la “Pantera” como para soñar en triangular alguna jugada y crear peligro. Platense pateó por primera vez al arco recién en el minuto 24 del ST, cuando el “Popi” remató desde lejos luego de una buena jugada de Palavecino…

Más extraño aún pareciera ser el hecho de que el DT, con dos delanteros en el banco, optó por poner a Daniel Vega en reemplazo mano a mano por Campozano. Esta fue la primera variante; y luego le siguió el cambio de Palavecino por H.Vega, poniendo un mediocampista ofensivo y sacando a uno con características defensivas. La última variante fue obligada, tras la salida de Mattiuzzo con la luxación del codo, siendo Briones la opción en dicha posición. En definitiva, el esquema nunca cambió… Santiago Bianchi se quedó en el banco, siendo quizás la tercera opción de no haber ocurrido el infortunio de Hernán Mattiuzzo. El 4-5-1 pasó a ser una constante desde el minuto cero hasta el final de la adición en el complemento.

Platense se ha apegado a la famosa “teoría de los juegos” de Nash en la que el “Calamar” aguarda el accionar en ofensiva del rival, esperando que este se abra atrás para jugar más cómodo de contra y poder generar acciones de peligro. Caso contrario, no puede depender de sí mismo o no le está encontrando la vuelta para resolver el acertijo planteado por su adversario de turno cuando se cierra bien atrás; y en ese caso, el cero a cero pareciera ser resultado puesto…

La férrea defensa que nace desde el mediocampo a la última línea (Mastrolía y Desábato incluidos) asegura el cero en el arco propio; el equipo tiene hoy la valla menos vencida del torneo. El déficit está en la generación de juego, y en las llegadas al arco rival, tan solo marcando en dos de los 7 juegos disputados hasta el momento.

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