El empate en cero fue lo que mejor sintetizó la propuesta táctica presentada por los dos entrenadores el viernes pasado. Se sabía que el Sr. Aldirico propondría un juego donde el buen tratamiento del balón -con salida con pelota dominada desde el fondo- sería la premisa para pasar el mediocampo central de su rival. En tanto, estuvo patente en el Sr. Brandoni la falta de capacidad para salirse de un libreto demasiado cantado: aprovechar la movilidad de Quiroga para arrastrar marcación e intentar dejar de cara al gol tanto a Campozano como a Ricardo Vera.

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El calor imperante, la dureza muscular y la falta de creatividad para ir un poco más allá fue lentamente construyendo el resultado que mejor le cabe a un partido que se jugó prácticamente sin arcos y que, vaya paradoja, terminara resultando en que sus dos máximas figuras fuesen -precisamente- ambos arqueros. Más Alejandro Granero que Ezequiel Mastrolía, quizás, porque por el tipo de juego que despliega Talleres, su golero debió jugar como una especie de líbero en muchas ocasiones, permitiéndose posibilidades de demsotrar que juega bien, protagonizando anticipos y achicamiento de espacios que terminaron en ahogar rápidamente cualquier intentona en ofensiva “Calamar”. Vaya el destaque para ellos, por el nivel de concentración demostrado en un partido en el que parecía que el que se “equivocaba” terminaría convirtiendo.

El comentario fue generalizado. Pareció un partido de pretemporada donde Talleres de Remedios de Escalada terminó llevándose un punto justificado a su reducto con el tibio sabor que podría haber sido algo más de tan solo proponérselo (apeló demasiado al remate de media distancia) y en el cual el local, Platense, termina sumando una unidad que en el contexto en el que se dio el partido podrá saber a poco o a mucho, de acuerdo a cómo se la analice.

Sabor a poco: un equipo armado para salir campeón, con un presupuesto mensualmente millonario, y con lo que se entiende un adecuado armado y preparación, no pudo (no supo) superar a un rival de los más humildes de la Divisional, cuya ambición es mantener la categoría recién ascendida, con la premisa de respetar una peligrosa pero loable idea de buen juego, a lo que se le suma la condición de localía.

Sabor a mucho: Si realmente no existía dentro del planteo del Entrenador mayor alternativa a la búsqueda permanente de Campozano y Vera a través de Quiroga, se entenderá hasta como milagroso, más teniéndose en cuenta que la primera variante fue la de un mediocampista central (Molina Fariña) por otro (Chmil), y que los dos delanteros de área con los que contaba como suplentes no ingresaron al terreno de juego -Daniel Vega y Lucas Volken-

Sobre el rafaelino, muchos comentaron el por qué de su no ingreso. A las claras estaba determinado que si bien fue convocado, el “Condor” sería el jugador que se quedaría viendo el encuentro desde la platea, y que en el banco de los suplentes se encontraría Jonathan Bustos. Finalmente, la autorización vía AFA para su habilitación no llegó en tiempo y forma para el partido, lo que obligó al hábil mediocampista a quedarse con las ganas de participar de las acciones. Volken no se encuentra bien en lo físico. La pasada ha sido su primera pretemporada verdaderamente completa, seria, en su historial como futbolista, y aún le queda trabajo para encontrarse al nivel de las exigencias metropolitanas.

La pregunta, entonces, es: ¿hizo bien Brandoni en contarlo como probable alternativa, aunque en su idea estaba el hecho de no contarlo, cuando todavía no tenía asegurada la presencia de Jonathan Bustos? ¿No hubiese sido conveniente haber contado en la convocatoria con Bianchi, Lugli, o cualquier otro futbolista?

Más allá de las desprolijidades del caso, vamos a pensar en la buena intención de querer salir a jugar el partido ante Talleres con lo mejor. Y lo hizo. Vamos a pensar que en las pelotas paradas Talamonti logrará imponerse, que “El Renacido” Hernán Mattiuzzo mejorará aún más su forma física para transformarse en parte integrante de la defensa titular de la temporada. Que Marcelo Barreña y Nicolás Morgantini terminarán de rehabilitar la forma deseada por todos en el partido de reserva ante Acassuso para comenzar a ocupar los espacios laterales, por lejos los sectores más flojos de todo el andamiaje “Calamar” -al menos en este primer partido-, que Chmil y Lorefice no jugarán tan pegados a la línea de centrales para no dejar venir tanto al rival (fracturaron mucho al equipo), que el “Pato” se soltará más y que una de las fórmulas de ataque ya no será que el “Popi” se atosigue de rivales para intentar descargar hacia los delanteros sino para habilitar al tucumano para que practique al menos uno o dos remates por tiempo que le sirvan para recuperar la memoria de aquellos últimos partidos del “2013/14” donde los mismos prácticamente nos depositaran a las puertas del ascenso.

Llegará el turno de San Telmo, último campeón de la “C” y uno de los equipos que he destacado como probable revelación del campeonato. Platense repetirá la localía. Ojalá no se repita la apatía.