Con 45 segundos para que termine el partido, el penal a favor estando un gol abajo era el último resquicio de esperanza para evitar el descenso. Lo atajó. El arquero lo atajó. Se acabó… Descendió el Handball de Platense.

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Lejos de dramatizar, no son pocos los allegados que creen que este es un momento de refundación de la división mayor de Caballeros de Platense Handball. Tampoco una píldora dorada o un exceso de romanticismo. Hay elementos objetivos que permiten avizorar un corto y mediano plazo razonablemente exitoso desde lo deportivo, robusto desde el seno de lo institucional y expectante en lo que se refiere a las nuevas generaciones de deportistas.

Si nos referimos exclusivamente a lo deportivo, Platense no descendió porque se falló el penal. El descenso llegó mucho tiempo antes. Ya en 2014 había comenzado la primera ola de un cambio generacional que aun no ha concluido. Jugadores de larga tradición en la historia de Escuela 8 – Asturiano – Platense comenzaron a colgar los botines, y otros que habían llegado para transitar sus últimos años de vida deportiva también estaban comenzando a alejarse. En el torneo Apertura de ese año Platense logró mantener la categoría en la última fecha. Un gran alivio. Pero que derivó en una campaña pobre en el Clausura (culminó último), con jugadores que terminaron el año con una baja moral por la acumulación de derrotas y un público (seguidor como pocos) también algo cansado al no verse recomnpensada tanta entrega y apoyo al equipo mayor.

El inicio de este año trajo la segunda ola de la transición entre generaciones. Con nuevo entrenador, Juan Jung, el bagaje técnico estaba fuera de discusión. Y tuvo ante sí la gran tarea de mantener a flote a un grupo que estaba en constante cambio y con limitaciones cada vez más obvias.

Lo que ocurrió en los 13 partidos del Apertura 2015 fue un sube y baja sin fin. Partidos extraordinarios frente a rivales encaramados en la tabla (Argentinos) se intercalaban con derrotas poco lógicas, frente a rivales que no eran superiores a Platense. Si bien casi ningún rival lo “aplastó” quizás la causa de ese desempeño errático sea lo que, paradójicamente, haga resurgir a Platense en el próximo torneo de Segunda División: la falta de madurez de un equipo que en este año ha recibido lecciones que debería procesar y aplicar sus enseñanzas para entender cómo cerrar un partido, cómo sobreponerse tanto a la ansiedad como a la frustración y cómo crecer como grupo tanto en la victoria como en la derrota.

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Los motivos de esperanza son varios. Pero el más importante pasa por la juventud y el potencial que reside en el mismo plantel: son 6 los juniors que integran el equipo, corto ya de por sí. La “joya” del equipo probablemente sea Sean Corning, otro Junior de 19 años, goleador con gran técnica desde el extremo derecho. De ellos se van a esperar más minutos en cancha y esa cuota de “crecimiento acelerado” para que la juventud no se convierta en pecado sino en una vigorosa presencia en cancha con el capital acumulado en los últimos meses y frente a rivales de menor jerarquía a los de Primera División, en términos generales.

En definitiva, lo que pudo ser una gran alegría de mantener la categoría, quizás (no lo sabemos, pero ya lo vivimos el año pasado), podría transformarse en una nueva frustración en la segunda etapa del año. No es conformismo, pero algunas veces es preciso “achicarse” un poco para despegar con más fuerza. Quizás este sea el momento. Con buenos jugadores, con muchos juniors haciendo sus primeras experiencias pero defintivamente aportando al resultado del equipo, y con un cuerpo técnico e institucional (padres, jugadores de inferiores, dirigentes) muy consustanciados no sólo con el “vamos a volveeer…” sino con el crecimiento deportivo de Platense Handball en todas sus ramas, el regreso “recargado” a Primera es cada vez más posible.

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