Platense logró un gran triunfo el último fin de semana. Algo que se debía, para si mismo y para la gente. El equipo demostró estar a la altura de las circunstancias. Oportunidad para encaminarse de una buena vez.

A 44
«Es irregular», «de mitad de tabla», «con momentos de mediocridad», «aburrido», «¡bipolar!» son algunas expresiones que comúnmente se suelen escuchar durante y luego de varios partidos de Platense en Vicente López. Hasta nosotros mismos repetimos hasta el cansancio los vaivenes de este equipo y las usamos. Ahora, decimos, ¿Porque no se puede creer en un cambio? Un quiebre, como te preguntamos a vos, Calamar, en la consigna de los viernes. El triunfo ante Defensores no puede ser uno más. Se derribo a un rival infalible, que hacía 11 partidos que no perdía, llegaba dulce, puntero y con el promedio de goles en contra más bajo de la categoría. Era el partido difícil que en no se podía ganar, pero la cosa cambió y por eso decimos ¿Porque no creer?

A este equipo le han pasado varios trenes y siempre se quedó mirando, dudando, con el boleto en la mano pero con la oportunidad escurriéndose como arena. Pasó Atlanta, la chance de subirse ante Colegiales, o de sonreír en Adrogué (ante un rival que hacía cuatro partidos que no ganaba), se fue Almirante, luego de un primer tiempo de dominio y un penal errado, pasó Estudiantes, que se llevó un premiazo servido en bandeja por Platense, que también se dio el disgusto de perder en Olavarría y Luna con dos goles de cabeza de jugadores que no llegan a medir 1,70. Pasaron y pasaron los trenes y el Marrón no se tomó ninguno y se fue golpeado.

Pero la cosa cambió y en esto queremos centrarnos. Creerlo o no, por su toque al autoestima, motivación especial o lo que sea, el Calamar salió a la cancha y ganó ese partido chivo que tanto le costaba. El barco se enderezó y dejó de andar medio hundido. Se le ganó al puntero, al que nadie le había hecho goles en el primer tiempo y menos que menos cuatro a lo largo de los 90 minutos. No bajamos al Barcelona de Guardiola. No. No creas, Calamar, que estamos endiosando a los del Bajo Nuñez. Pero ¡había que ganarles, eh! muchos no pudieron y quizás no podrán. Por eso decimos ¿Cuál es la razón para no creer? ¿Porqué no?

Eso es lo que debemos reflexionar. La demostración de que se puede quedó expuesta, ahora, más que nunca, se debe aprovechar el envión para escalar. Para salir de esa amorfa gelatina inestable que atraviesan hoy los de Saavedra, en la séptima colocación con 40 puntos. Debe haber un quiebre, adentro, no puede dar igual ganarle a un deshilachado Merlo (hoy último) que a Defensores. Es producto de la bipolaridad, dirás. Quizás si, ojalá que no. Se vienen partidos importante y los de Fabián Anselmo responderán esa inquietud mediante los resultados. En la proximidad espera San Carlos en la esquiva Berisso y Armenio en el inestable campo de Maschwitz.

El equipo demostró que puede y eso es lo importante. Por eso decimos ¿Por qué no creer? Las armas están a disposición, hay que aprovechar virtudes y tapar limitaciones, que las hay y en abundancia. Conocemos la realidad y sabemos que este equipo no suele jugar bien y se cae, pero, aún con muchos defectos, ha demostrado que le puede ganar y hacer cuatro goles al mejor de la categoría. A esto vamos, a hacer base acá, arrancar la escalada y soñar con llegar al reducido fortalecidos, con el respeto ganado y el juego lo más aceitado posible. Si no es así, Platense no se podrá sacar de encima esa garrapata llamada mediocridad. La actualidad marca que se puede y por eso ¿Por qué no creer?

Por Ignacio Zabalza

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here