La derrota por 2 a 0 de Platense ante Brown de Adrogué caló hondo en las estructuras Calamares. Una vez consumado el resultado, Pedro Bocca dejó de ser el entrenador. En el juego, el local fue contundente y se llevó una victoria muy justa.

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En este espacio analizaremos, punto por punto, las claves para explicar la derrota en el Lorenzo Arandilla:

Le pegó en la pasividad: El 1-0 del equipo de Pablo Vico llegó en un momento muerto del partido. Sobre el final, cuando el buen fútbol brillaba por su ausencia y todo se encaminaba a la igualdad en el descanso, fue Maximiliano Brito quien aprovechó un error defensivo y marcó el primer tanto cuando el telón del primer acto se estaba por bajar. Otro golpe anímico para este equipo que, durante este torneo, pocas veces se supo reponer para volver a la pelea.

Otra vez condicionado: Tal cual que como paso en la fecha anterior contra Colegiales, una expulsión condicionó a Platense para el resto del partido. Aquella roja a Walter Ortíz fue imitada por Iván Nadal, que a los 40 minutos dejó a su equipo con «10» por doble amarilla. El Marrón, otra vez, no supo como acomodarse con un hombre menos y dio muchísimas ventajas que otra vez fueron aprovechadas por su rival.

Espacios y regalos: Para la segunda parte todo fue una descompensación. Los roles mutaron y los regalos terrenales fueron una constante. Emiliano Gianunzio pasó de central, Sebastián Lamacchia se fue de extremo izquierdo, Walter Gómez ofició de central / letral y Jonathan Bustos arrancó siempre de «4» para ser la única salida potable con el balón por el piso. Los problemas comenzaron cuando Brown aceleró. No hubo marca ni resistencia para contener las embestidas. Los de Vico lograron el segundo, tuvieron un penal y crearon varias chances más de gol, que si no fuera por Ezequiel Mastrolía las hubiesen convertido.

Gracias, Mastro: Esa es la frase que debería pronunciar todo hincha Calamar al referirse a este cotejo. Es que el arquero del Marrón fue la única razón verdadera para que Platense no se vaya humillado de Adrogué. Sin responsabilidad en los goles el ex San Lorenzo entró en acción cuando el equipo estaba más partido que nunca. Su repertorio mayor se dio en el segundo tiempo cuando sacó cuatro pelotas de gol. En esa mitad cometió un grave error al cometerle penal a García, igualmente se redimió atajándole el tiro a Sánchez. El «Mono» fue el salvador de la tarde y eso que los de Saavedra perdieron 2 a 0.

Con el alma partida: Así se lo ve a este equipo desde hace unas fechas. No hay una construcción colectiva o una idea equiparada entre la línea defensiva y ofensiva. Ni siquiera en una cancha chica como el Lorenzo Arandilla el Calamar encontró conexiones, paredes o avance en bloque. Bustos estuvo siempre solo, Miranda nunca se conecto al «circuito», Romero cedió la capitanía del juego a Bustos y desapareció, Gianunzio fue el parche en el fondo y prefirió dejarle el transporte de la pelota a Morales. Este Platense esta dividido, solitario y golpeado. Debe recuperar su esencia y volver a componer su alma.

Por Ignacio Zabalza