Platense perdió frente a Los Andes por la 18va fecha del Torneo “Osvaldo Guerra”, Zona B del torneo de transición de la primera B Metropolitana. ¿Es novedad? Por supuesto que no lo es, pero el problema subyace ahora en qué es lo que está sucediendo en la cabeza de los jugadores… problemas de tipo anímico, falta de confianza, y desorden futbolístico desde lo táctico e individual.
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En lo que a esquema se refiere, y como es ya costumbre con Mariano Rukavina al frente del plantel, se intenta constantemente el cambio, para probar las mejores opciones. En la tarde del lunes, el DT debía resolver el enigma acerca de como reemplazar la ausencia de Nahuel Pansardi en el once inicial, tras una lesión que el ex jugador de Temperley sufriera en la semana. Y vaya que sorprendió desde el arranque con una alineación que nadie esperaba, y que incluso amagaba con plantar un 5-3-2, con la inclusión desde el arranque de Briones en la posición de lateral defensivo por derecha, adelantando (o no) a Nicolás Morgantini a la ubicación de volante por derecha, manteniendo así en el fondo la zaga central compuesta por Cristian Tavio, que volvía al once inicial luego de cumplir una suspensión por acumulación de amarillas.

Los primeros momentos del encuentro fueron como un terremoto para el “Calamar”, y lo sufrió de sobremanera, ya que en menos de 5 minutos de juego estaba abajo 0-1 con un gol de cabeza de Noriega, que cabeceó casi a la altura del área chica definiendo al palo izquierdo de Desábato. Poco pudo hacer el portero ya que el potente delantero “Milrayita” se filtró entre los centrales, que no terminaban de acoplarse en la última línea. Platense comenzó a hacer pie de a poco (ayudado por el impás que generó el conflicto entre las barras de Los Andes), aunque ello no implicaba tomar el dominio y protagonismo del partido. El planteo mezquino de Nardozza a partir de la mínima ventaja obtenido por el local, le cedía terreno y balón al marrón, que no sabía qué hacer, y al que no se le caía una idea para generar siquiera un remate al arco de media distancia.

Los minutos pasaban, el resultado no se movía, y los de Saavedra seguían manteniendo los 5 defensores en cancha más dos volantes tapones. Increíblemente, solo un jugador con vocación ofensiva, como el “Mono” Ortiz, mas los dos delanteros, totalmente desconectados del resto. Zúñiga intentaba despegarse del rol defensivo, y metía pelotazos sin destino.

Lo que frente a Almagro había sido una reacción extraordinaria del DT cambiando un 4-4-2 a un 4-3-3, en esta ocasión seguía reflejándose un esquema inamovible y rígido; de hecho los cambios eran posicionales / personales, Gianunzio se retiraba lesionado, ingresando Julián Acosta en su lugar, y Emanuel Alegre por Walter Ortíz por la izquierda. Finalmente al minuto 38 de la etapa complementaria, algo tarde seguramente, Rukavina hizo ingresar a Catriel Lucero, en reemplazo de Federico Briones, desarmando el 4-4-2 a partir, y esquematizando un 4-3-3 a partir del retroceso de Nicolás Morgantini a la última línea.

Platense estuvo desconectado, no intentó ni llevó peligro al área rival en 90 minutos, más que con un remate de Morgantini y un tibio cabezazo del “Trapo” Vega. Poco juego asociado, como ya es costumbre, y un cúmulo de voluntades individuales que nunca encontraban respaldo colectivo para llegar al área rival con decisión y autoridad.

¿Qué queda para estos pocos partidos que faltan? Seguramente haya que seguir probando con lo que hay, cuál es el mejor esquema que se adapta al plantel, y aquel que mejor le sienta al DT según su visión. Pero lo más difícil, sin dudas, es trabajar en la mente de los protagonistas para levantar el ánimo, porque claro está, no hay trabajo que pueda ser bien llevado, si no se está bien del “bocho”. Esto es clave, y de esta situación dependerá los resultados que el “Calamar” saque de aquí hasta el final, porque la suerte ya está echada en este torneo…

Maximiliano Goweznianski

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