Platense volvió a sumar una nueva derrota, la octava en el torneo, esta vez fue ante Los Andes por la fecha 18 de la B Metro.

Claves
Aquí analizaremos punto por punto las claves de este nueva derrota Calamar:

Arrancó mal parido: Siempre se dice que antes que todo hay que tener un orden: «El baño en el baño y la cocina en la cocina» diría un viejo comentarista. Lo cierto es que en Platense ayer eso no pasó y por eso lo sufrió. Federico Briones arrancó como lateral por derecha (cuando se puesto natural es central) y Nicolás Morgantini como «8» cuando su lugar en la cancha es en el andarivel derecho. Briones sufrió mucho el primer tiempo y luego más o menos se acomodó, mientras que «Morgan» hizo lo que pudo.

No hay creación: Uno de los puntos más preocupantes de todos es que Platense no tiene un jugador que sea la manija, que gambetee o que tire un centro. Con Zúñiga en un bajísimo nivel y con Ortíz escondido el equipo se resume en pelotazos a los delanteros que poco pueden hacer.

En el primer tiempo le hicieron precio: Los Andes contó con numerosas acciones para aumentar la diferencia y gracias a errores propios o buenas intervenciones del arquero Desábato el equipo local no se fue al descanso por más goles.

No se animó: Para la segunda parte el equipo de Nardozza se refugió contra su arquero y le cedió la pelota a Platense. El problema fue que el «Calamar» no supo bien que hacer con ella. Generó chances pero nunca entendió como entrar en el partido ni por donde ir.

Bueno pero tardío: Así fue el cambio que metió Rukavina a los 37 minutos de la segunda mitad cuando hizo ingresar a Catriel Lucero por Briones. Otra vez el DT rompió los esquemas cuando el equipo estaba abajo en el marcador (como contra Almagro) aunque antes había modificado pieza por pieza (Acosta por Gianunzio y Alegre por Ortíz- como contra San Carlos). La entrada de Lucero le sirvió al equipo para generar dos chances de gol y así arrinconar a «Lomas». Quizás si tenía más minutos….

Ni la ley del ex: Daniel Vega volvió a tener una tarde para el olvido. Solo. Peleando arriba. Tirándose al suelo, protestando, tirando centros que él tendría que recibir y quejándose. Así se pasó toda la tarde del «goleador» Calamar. Su momento personal va acorde al del equipo. La desesperación por no agarrarla lo hace bajar muchos metros para tomar contacto con el balón. Aparte se encarga de todos los tiro libres y córners cuando él es un buen faro de área para buscar. La imagen final fue la de su cabezazo muy flojo que se murió en las manos de Gagliardo y pudo significar el empate.

Por Ignacio Zabalza