Platense volvió a perder en condición de visitante, el rival de turno beneficiado fue la UAI Urquiza, que sin despeinarse se alzó con la victoria por 2-0 en Villa Lynch, ayer por la tarde. El “Calamar” muestra siempre la misma falencia, más o menos acentuada dependiendo del equipo que esté en frente y como éste plantee el partido.

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Los dirigidos por Rukavina no encuentran el rumbo, y ya no es una cuestión táctica. No se trata de un 4-4-2 o de un 4-3-1-2 o de un 4-3-3. Lo que le sucede al plantel es un tema mental, un problema de confianza que cada uno individualmente tiene en su cabeza, y que también se vislumbra en el campo de juego a nivel grupal. La falta de gol arriba, las falencias defensivas abajo en la marca, en la pelota parada, o a la hora de los relevos… todo es criticable y todo pasa por la falta de confianza, infundada en los resultados que el marrón obtiene partido tras partido, y otro poco, por la falta de respuesta desde afuera.

Lo único rescatable quizás sea la presencia de juveniles en la plantilla, que partido tras partido va siendo mayoritaria. Quizás los réditos no se vean en la actualidad, pero cierto es que en las épocas de “vacas flacas” es donde más hay que poner el ojo, y poder apreciar lo que sirve y lo que no. En el partido disputado esta tarde, debutó el chico Franco Cabral, quien había concentrado por primera vez en su carrera con la primera. El DT decidió incluirlo en el entretiempo en lugar de Diego Molina, ocupando la banda izquierda y volanteando quizás con más oficio de mitad de cancha hacia adelante, que en tareas defensivas. El joven surgido de la cantera “Calamar” jugó una aceptable etapa complementaria, mostrándose como opción para tocar el balón, jugando casi pegado a Ortiz y cerca de Zúñiga; y es que de hecho le permitió al “Mono” llegar a la línea de fondo con mayor frecuencia que en la primera parte, en la que generalmente arrancaba desde el propio campo. Fue el autor de varios centros precisos y otros no tantos, pero fue necesaria su aparición, para que luego el DT se decidiera por el ingreso de Jose Manuel Caspary, sumando así un nuevo delantero en el área para cabecear los centros de Cabral.

Pero poco cambiaría la historia, ya que como dijimos, Platense jugaba sin ideas, a puro centro y de manera muy desordenada. El costado izquierdo del ataque del equipo de Saavedra parecía ser la opción más viable, pero Ortíz llegaba hasta el fondo y fallaba a la hora de la estocada y la decisión final, con imprecisiones a la hora de tirar el centro o de rematar al arco. Vega perdía más de las que ganaba, y sobre el final, el propio “Trapo” descargó su furia pateando una botella cuando López Aldazabal marcaba penal contra el “Calamar” a falta de 10 minutos para terminar el encuentro.

En los arrestos individuales el visitante perdía siempre… flojo desempeño de Villareal en el medio, siempre mal parado a la hora de atacar, y cuando debía defender quedaba adelantado. Pansardi no fue el perfecto reemplazante de Gianunzio, como el DT había imaginado, y hasta el propio Zúñiga, que había sido de lo más regular de este Platense, jugó un flojo partido… en definitiva, no se salvó nadie… todos fueron aplazados ante el equipo de la Universidad, que con poco superó al marrón en todas las líneas.

La pregunta es clara ¿Qué queda de ahora en más para este presente con vistas al futuro? Seguramente esa respuesta esté en el rubro psicológico, y no tanto en el futbolístico. Los jugadores deberán mentalizarse que esto no está acabado ni mucho menos… habrá que trabajar mucho en la cabeza de cada uno de ellos, y el que jugué debe ser el que mejor esté en ese sentido… no queda otra.

Por Maximiliano Goweznianski

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