Otra derrota dura de digerir. Otra muestra nula de fútbol por parte del equipo y una pregunta que retumba en las entrañas del club.

A 10
¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro futuro? ¿Qué es lo que nos depara? Son interrogantes que crecen ante esta actualidad negra de Platense. Duele mucho ver el nivel del equipo y la situación institucional. Preocupa lo que pasa dentro y fuera de la cancha. No hay un rumbo ni un proyecto.

La derrota ante Los Andes volvió a echar más leña a este fuego enorme en el que vive inmerso el Club Atlético Platense. Siempre se dice que a veces algunas salidas  «sirven para descomprimir» un vestuario o una situación. Lo de Platense fue la excepción a la regla y luego del alejamiento de Sebastián Méndez, como dt, y ni más ni menos que Pedro Vilariño, como presidente, el equipo siguió en la misma sintonía amorfa y ayer volvió a demostrar el pésimo momento futbolístico que vive cuando perdió 2 a 0 ante Los Andes en Vicente López.

Mariano Rukavina no pudo cambiarle el chip al plantel en los pocos entrenamientos que tuvo. Esto va  más allá, no es solo cosa de un momento, de un mal pase, de un gol errado o una falla a la hora de la marca. Tal cual lo marcó Rukavina al término del partido de ayer, el equipo «está fallando en lo psicológico». Ese factor invisible y abstracto que en muchas ocasiones fue determinante para levantar a un equipo o arrastrarlo más hacia el fondo, como es en el caso de Platense.

Uno trata de buscar explicaciones o culpables y cae siempre en algo parecido. Analizando estas 3 derrotas al hilo, vale remarcar que el «Calamar» tiene sus momentos dominantes, en donde se enchufa e ilusiona con sus acciones. El primer tiempo ante Almagro o el 2-0 parcial vs San Carlos dieron muestras de que cuando esta prendido Platense puede ser un equipo peligroso. Pero a lo que vamos siempre es que cuando se cae no hay forma de recuperarlo. El equilibrio de este plantel camina por una soga muy fina y que al primer sacudón se corta y hace que el nivel no se pueda levantar nunca más. Ayer se vio otro ejemplo, Los Andes apabulló al «Marrón» en 15 minutos y se relajó en el resto del partido viendo como Platense se esforzaba, con ataques desesperados y pocos planificados, para descontar la diferencia.

La cabeza de este equipo esta desordenada, poco focalizada y sin rumbo. A las claras quedó cuando Iván Nadal, de forma insólita, le pegó esa patada sin pelota a Maximiliano García que devino en su expulsión. Esa acción fue una muestra del momento de este equipo. La impotencia, la pérdida de las riendas y el descontrol reinan.

Ahora. Lo que todos nos preguntamos es ¿Qué vendrá? ¿Cuál es la solución para esto? Hay que ordenar la pirámide desde arriba para abajo, eso debe estar bien claro, si hoy por hoy no sabemos quién es el capitán del barco ¿Por qué vamos a pretender que los marineros hagan su trabajo correctamente y se concentren? 

Lo cierto es que desde ese fatídico día en Turdera el castillo que parecía sólido se volvió de arena y se comenzó a desmoronar de a poco. Los jugadores que quedaron también lo sintieron así y este nuevo estallido dejó a las claras que hoy se terminaron de caer todas las piezas. Habrá que hacer un gran borrón y cuenta nueva para cambiar el curso de este barco. Con Rukavina o sin él, con esta comisión directiva o sin ella. Con decisiones y convicciones se revierte esto, aunque el miedo al futuro nos obliga en pensar en esta frase: ¿Hacia dónde vamos?

Por Ignacio Zabalza

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