La noche de ayer mostró al peor Platense que todo hincha podía imaginar en lo poco que lleva transcurrido este torneo de la Primera B Metropolitana. Los simpatizantes se vieron sorprendidos de entrada, con una alineación atípica y nombres que ocupaban un lugar en el once inicial, así como también los jugadores que integraban el banco de los suplentes.

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Con variantes en todas las líneas, el “gallego” decidió romper con una defensa que hasta aquí le había rendido maravillosamente, incorporando por el costado derecho por primera vez desde el arranque a Agustín Cattáneo, en posición de lateral en lugar de hacerlo como central, como venía jugando en los entrenamientos. El pelado se mostró por momentos lanzado en ataque, pero relegando la defensa y dejando huecos en el fondo, siendo mal relevado por Carrasco (quién volanteaba por ese costado en mitad de cancha) y un Lucas Chieffo demasiado solo.

Pero empecemos por el principio. El “Calamar” paró en cancha un esquema novedoso y muy extraño, un posicionamiento 4-1-4-1 con un solo delantero (Pablo Bueno), un volante de contención como Lucas Chieffo por sobre la línea de cuatro jugadores en defensa. Más arriba otra línea de cuatro, con Carrasco (primera vez desde el arranque) y Ortiz por derecha e izquierda respectivamente; y en el medio, más para la tarea de creación que para la marca, la sorpresiva aparición de Zúñiga y Pansardi siendo los “conectores” del equipo por el centro (con la doble función de marcar y atacar). Y aquí estuvo la gran falencia del equipo, ya que ambos volantes son más abocados a la marca que al ataque, y es por ello que perdían más balones de los que ganaban, y provocaban más errores que aciertos, provenientes de las incorrectas asistencias que  hacían, dejando cortado y mal parado al equipo.

Estas pérdidas de balón dejaban descolocado atrás al conjunto local… Almagro con un pelotazo la hacía fácil, aprovechaba la fractura del marrón, y tanto los delanteros como los volantes ofensivos se metían en campo rival, quedando muchas veces mano a mano con los jugadores del marrón, porque Cattáneo y Nadal estaban lejos, acompañando en el ataque para sumar gente. Ahí es cuando Castano y Torres entendieron que tenían que tirarse a los costados para ganarles las espaldas a los laterales, y con el acompañamiento en ofensiva de Ignacio Colombini y Nicolás Palacio, que se metían de sorpresa por el medio, desbordando al pobre Chieffo, todo quedaba a merced de la puntería y la precisión, para que el “Tricolor” se hiciera un festín.

La pregunta que todo hincha se hace, es ¿Para qué cambiar tan drástico el planteo y el funcionamiento del equipo, si el marrón no estaba tan mal parado en la cancha? Méndez arriesgó y apostó por una táctica que no salió, por un juego practicado en un par de días, que poco pudo haberse afilado y alineado para ponerse en práctica tan solo un par de días después. Almagro aprovechó muy bien los espacios, con un clásico 4-4-2 donde el “calamar” le facilitó las cosas, o se las complicó solo…

Quizás este planteo hubiese tenido otro gusto con un volante ofensivo que llevase la pelota, y que no la perdiese tan rápido como Zúñiga y Pansardi, más acostumbrados estos a la contención que a la creación. Seguramente con un enganche habilidoso hubiera sido distinto el final de esta historia. Lo cierto es que la pelota nunca le llegó a Bueno, y la incursión de otro delantero más para romper el esquema de juego, fue tardía. Jose Manuel Caspary ingresó a los 20 minutos, con el resultado 0-2 abajo… muy poca ambición para un equipo con la obligación de empatarlo y darlo vuelta, sobre todo teniendo dos delanteros en el banco, y aun así sosteniendo este esquema sin que diese sus frutos.

Por Maximiliano Goweznianski