Así fue, Platense logró ayer una importante victoria por 1 a 0 ante Atlanta para entrar al Reducido. De entrada, planteó un esquema retrasado, pero luego se llevó una alegría algo inesperada.
ATL 61
A buscar su negocio, a intentar aguantar lo más posible y a ver como se desarrollaba el partido. Así se plantó en campo ayer el Platense de Méndez. A esperar, aguantar, a buscar no perder y que no le entren con tanta facilidad. El punto le servía pero se llevó algo más grande.

El arranque del encuentro ya marcó un esquema definido. Desde el minuto cero, Platense retrasó sus líneas. El sacrificio era la palabra más acertada para describir la actitud del equipo. El «Bohemio» intentó rápido apoderarse del medio y tomar las riendas del partido y el «Calamar» no opuso resistencia en el centro del campo, sino que esperó. Jonatan Páez, Walter Ortíz, Patricio Rodríguez y Nahuel Pansardi formaron una fuerte línea unos metros más atrás de la mitad del campo, peligroso. Así lo planteó Platense, dejando venir a Atlanta para luego soñar con algún bochazo que pueda pescar el solitario Víctor Meza o con alguna corrida de Ortíz o Pablo Ruíz por las bandas.

Para fortuna del «Marrón», el dueño de casa estaba muy impreciso. Lo que más le creaba peligro a Platense eran los centros cruzados y cerrados que llovían muy seguidos en el área de Claudio Flores. En muchos de ellos, perdió y casi le convierten. El marcaje generó algunos problemas cuando Altanta cruzaba esos balones al área, Marcos Godoy y Sebastián Díaz – Villán contaron con chances de poner el 1-0, la fortuna, los rebotes y a veces las manos de Flores salvaron a Platense.

La segunda mitad siguió con la misma sintonía. Tranquilidad y perseverancia del lado Calamar, mientras que Atlanta «a los tumbos» intentaba imponer su estilo. Aún así, caía siempre en la misma dinámica: los centros. La desesperación por ganar de un lado y la tranquilidad y conformidad del otro  también se vio de afuera, el local introdujo los tres cambios entre los 20 y los 30 minutos, mientras que Méndez recién metió mano a los 38 con el ingreso de Gonzalo García. El esquema se estaba plasmando a la perfección, con mucha marca, proponiendo lucha y mordiendo en cada sector dividido. A pesar de mantener el cero, que era lo esperado, Platense se encontró con un premio mayor: a los 30, Ortíz encontró una pelota perdida en el área y la puso en un ángulo para abrir la cuenta. El equipo de Saavedra que llegó «emparchado», con ausencias y silbando bajo se estaba llevando un premio enorme. Y así terminó, Atlanta cayó en las redes que le tejió Méndez y nunca logró ser claro y preciso.

Para el lado marrón y blanco, pura felicidad, el plan funcionó a la perfección y encima logró ganar después de 30 años en Villa Crespo, ante un posible rival en el Reducido. Las «tácticas gallegas» y Platense siguen su camino de la mano. Van por más.

Por Ignacio Zabalza

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