Platense cumplió ayer 109 años de vida. El sábado por la noche, en la cancha de futsal se celebró la cena y dio lugar a los festejos por este nuevo aniversario.

CENA 10
Cena familiar. Ambiente festivo y mucho canto. Así se vivió la velada de festejo por los 109 años que cumplió el club en el día de ayer.

La cancha de futsal fue escenario de la cena que en todo momento se vivió de manera muy alegre. Durante la misma se pasaron vídeos de diferentes goles de Platense durante los años (ejemplo: uno de los tres de Gambier a River en el Monumental o la rabona de Uranga a Atlanta en Vicente López). Luego, se proyectaron los dos spots publicitarios que armaron la gente de Prensa del club, como por ejemplo «Crece», uno de ellos, que habla de las diferentes obras que se están realizando y las que ya se terminaron en las diferentes sedes Calamares.

Más tarde, fue el momento de los protagonistas. Daniel Vega, Luis Quiroga y Patricio Rodríguez (foto) subieron al escenario para darle su mensaje al hincha, bajo una lluvia de aplausos los tres tomaron la palabra y fueron aplaudidos y ovacionados por el público presente. ¿El grito de guerra de los Calamares? Esta claro, el del ascenso.

Un tiempo después, Sebastián Méndez llegó al salón y también subió para dar su palabra de aliento. El «Gallego» remarcó la tranquilidad y la confianza que se tiene todo el cuerpo técnico y el plantel para afrontar lo que viene.

Para cerrar llegó el turno de la autoridad máxima, Pedro Vilariño (foto) subió unos escalones y tomó la palabra ante el público presente.

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El máximo dirigente Calamar le agradeció al público presente y remarcó el trabajo que se está haciendo en el club. En una noche de emoción, también, entre lágrimas, pidió «perdón por no poder darle el ascenso a la gente antes». El presidente de igual manera le agradeció el apoyo que le está dando la Municipalidad de Vicente López, la cual, según dijo Vilariño,  pocos le han dado antes.

Un tiempo después, luego de algunos homenajes y plaquetas, la gente disfrutó de un poco de música y siguió enfervorizada, como con cada emoción que se presentaba en la noche. Los cantos, los gritos y los alientos no estuvieron ausentes. Fue una verdadera noche marrón y blanca.