El empate por 2 a 2 entre Platense y Chacarita de hoy dejó dolor y bronca para los hinchas Calamares. Otra vez sobre el final, otra vez en la última, otra vez lo mismo…

chaca 91
Ya la historia es repetida, ya el final es algo vulgar, obvio. Cuando se habla de estos sucesos uno no se extraña, no se espanta. Al contrario, asiente con la cabeza y sufre por la repetición y la vuelta a ocurrir de los mismos. Si se dice que fue en un contexto superior, con un hombre más, uno lo sigue entendiendo y le duele más aún, aunque suene sorprendente para otro que no sea del entorno.

Es así, la historia negra de Platense con respecto a cerrar partidos volvió a escribir otra página en su libro doloroso y letal que lleva consigo. Ese libro que se transforma en mochila, en cascote cuando los minutos se acortan y el resultado es favorable. Aquel que se ríe y se acomoda para actuar cuando mira la cercanía con el final y observa casi con desprecio a la parcialidad local exaltada, feliz, rebosante de alegría. El libro se ríe porque sabe que le va a arruinar la fiesta, solo espera con ansias saber quien será el autor, el verdugo que conecte la redonda con la red para agarrar el pincel  y escribir con felicidad lo que es una amargura para otros, un dolor inexplicable que corta el pecho y llega al corazón.

El libro, aunque no sea bienvenido, también es conocido por los jugadores. Que saben cuando le gusta presentarse, que saben que le encanta verlos con la frente gacha y retirándose con dolor. Conocen el final, pero como alguien que perdió el colectivo y no lo podrá alcanzar, ven con impotencia como se las arregla para tentar a cualquiera a alterarlo, solo para mofarse de ellos, a los que le encanta visitar y arruinarle el festejo. Casi como una diversión, como algo sistemático, lo vuelven a sufrir, a lamentar y no lo pueden evitar. Hacen todo lo posible, pero el libro, que encontró su lugar y hace mucho tiempo le gusta meter la cola, se las arregla para aparecerse como una maldición en su cabeza,  machacar y asustar hasta hacerse realidad. La página de ayer fue una verdadera Roca niere para todos los Calamares. Aún así, no hay que dejar de ver que fue la cuarta vez en el torneo que sucede lo mismo.

Pasaron técnicos, jugadores, esquemas y cualquier otra modificación, pero esta situación vuelve a venir, como un laberinto sin salida. El gol al último minuto es casi una constante para analizar esta temporada de Platense. Lo acompaña, va de la mano y deja huella. A veces, duele mucho, en unas no se sintió y en otras solo fue para dejarle una firma a lo que ya estaba pintado hace rato. Los escritores son muchos, con diferentes estilos y colores. Un mazazo  que aparece cada ratos, que uno trata de convencerse de que ya estaba solucionado, pero que después de un tiempito vuelve a darse una vuelta para sembrar un mar de dudas.

El primer flash de este fantasma apareció en la fecha 7, cuando Emiliano Pedreira de Acassuso cabeceó solo a los 50 minutos del segundo tiempo e igualó el partido en uno en Vicente López. Pedro Monzón lo sufría desde el banco. Al igual que en la seis, fecha postergada por lluvia donde Platense debía jugar solo 15 minutos para completar el partido con Los Andes. Aún así, el «Calamar» arrancó arriba con un gol tempranero de Daniel Vega, pero Juan Segovia arruinó todo cuando clavó un misil inagarrable a los 47 para que el «Milrrayitas» empate el partido en Lomas de Zamora. El monstruo del final volvía a aparecer para amargar a Platense.

Luego, se calmó y no se paseó más por Saavedra, se tomó un tiempo. Pero la historia negra iba a dejar un regalito antes de que termine la primera rueda  y se corporizó en Federico Sardella que con la cabeza anotó el gol en la última, para que Atlanta llegue al empate por la fecha 20.

Luego, sus apariciones no iba a ser tan importantes o dolorosas, ya que Pablo Vacaría descontó para Morón a los 43 del segundo tiempo, pero el «Marrón» lo logró aguantar y ganó 3 a 2. Más adelante, Julián Giménez la metió a los 44 en Campana, lo que sirvió solo para aumentar la diferencia a 2 a 0 de Acassuso sobre Platense. También, Alejandro Melo a los 40 decoró el resultado para Chicago que logró allí el 3 a 1. Esas eran cuestiones aceptables, hasta analizables como del juego. Pero la de ayer fue la más dolorosa, por todo, el contexto, el hombre de más, el rival y el resultado. El gol de Gonzalo Rocaniere fue el que más dolió de todos los repasados en esta nota, por todo. Igual, solo sirvió para volver a revivir este fantasma siempre presente. Luego de los 40 minutos el equipo se cae, no sabe aguantar, es endeble. Hoy por hoy esta historia y este libro parece imposible de separar, de despegar. Tienta, sabe como actuar y ataca en el momento justo, ya se podría decir que tiene hasta título: la historia sin fin….

Por Ignacio Zabalza

 

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