La derrota de ayer de Platense por 3-2 ante Barracas Central, dejó un mar de dudas en el equipo de Sebastián Méndez. Lo cierto es que los 3 goles fueron similares: pelota parada, mala marca y ¡Pum! adentro. Por eso, abajo y en lo aéreo: un sufrimiento.

BC opinión
Hay varias variantes que se pueden analizar si se quiere explicar la derrota de ayer ante Barracas Central. Una de ellas, es la diferencia entre lo que puede rendir el equipo de mitad de cancha para adelante y de mitad para atrás. Parecían 2 conjuntos diferentes. El buen trabajo de Patricio Rodríguez, la movilidad de Luis Quiroga y los desbordes de Walter Ortíz se arruinaron por el mal desempeño de los del fondo. Sobre todo de la dupla central, que venía siendo de los mejor de Platense en la segunda etapa. En el día de ayer no fueron ni la sombra de aquellos partidos. Que le conviertan tres goles de pelota parada es inaceptable para un equipo que quiere aspirar al ascenso.

Noche negra si nos ponemos a analizar el desempeño de la defensa. A los 18 minutos llegó el primer gol: Emiliano Ferragut elevó el centro, Martín Quiles la bajó y Diego Figueroa se escabulló de la marca de Patricio Rodríguez, dejó picar la pelota y tuvo todo el tiempo del mundo para acomodarse y darle de zurda. Ni Agustín Pérez, que estaba clavado en la línea, ni Humberto Vega, que se encontraba custodiando el palo, la pudieron sacar. Primera daba para el «Calamar». Barracas empataba el partido.

El segundo gol llegó en un momento impensado: Platense venía de convertir el 2-1 por intermedio de Daniel Vega y se iba la primera mitad. A los 45 minutos, en la última, se iba a repetir casi igual la secuendia del gol anterior. Ferragut acarició otra vez, Quiles volvió a ganar y Pérez nuevamente se quedó clavado en la línea como si no tuviera recursos para intervenir. En consecuencia, Abel Soriano saltó junto a Facundo Talín y solo la tuvo que soplar para que el equipo visitante vuelva a emparejar las acciones. 2-2 y otra vez todo igual.

El descanso parecía que le iba a venir bien a Platense luego de este mazazo. Buen momento para aprovechar y corregir errores, pero no. Al minuto de juego Ferragut tiró el centro, Talín fue a agarrar a Soriano y permitió que Gastón Bojanich entre solo, por el centro del área, y con la cabeza le cambie el rumbo al balón para decretar el 3 a 2. ¿Gonzalo Peralta? Bien, gracias. Se encontraba en una posición lejana en vez de pararse en el punto penal para hacerse cargo de neutralizar al «Gigante» Bojanich. Lo que sería más lógico, otro horror de la defensa y otra vez a sacarla de adentro. El gol que más dolió de los tres, por la soledad del central para definir, porque era en el arranque y porque Barracas pasaba al frente por primera vez en el marcador.

El «Calamar» indudablemente marcó toda la noche de forma paupérrima. El visitante pudo convertir algunos goles más. Edilio Cardoso, Figueroa y Soriano estuvieron solos y cómodos en todo momento del partido. Siempre se encontraron una defensa mal parada o a contra pierna. Soriano tuvo a los 14 minutos del primer tiempo el empate, Ferragut se la peinó y el «Mellizo» le dio de sobre-pique y la mando a la tribuna en vez de bajarla y percatarse de que estaba solo. Figueroa remato apenas desviado a los 27, en una contra que surgió de un pelotazo del arquero Walter Caceres. ¡Si! a Platense le generaban chances de arco a arco. También, a los 31, Pérez salvó en la línea otro envío aéreo que fue ganado por el «Barraqueño» en el área local.

Y, como siempre que Platense pierde, hay que soportar vez la imagen de Peralta como número «9» sin que nadie se lo pida. Ahora digo ¿Cuantas veces hizo eso ya? ¿Cuantas veces le salió bien? La respuesta es sencilla. Solo dos goles tiene con la camiseta de Platense, ninguno intentando ser el héroe. Talín, su compañero de saga, también estuvo muy bajo de nivel. Lejos de ser el jugador que traba hasta con la cabeza y que alienta a sus compañeros con su actitud, como lo solía ser. Ayer fue tímido, callado, quedado, casi desaparecido. De los de los costados poco se puede decir, Humberto Vega tuvo una actuación normal, no muy distinto a lo que puede rendir Nicolás Morgantini (que ni fue al banco) y es un pibe del club que se empezaba a mostrar. Del otro lado jugó Maximiliano Barreiro, que fue el más rescatable de las cuatro del fondo. Él si puso actitud, ganas, empeño para que las cosas le salgan bien. Tuvo ida y vuelta, probó tres veces al arco y siempre se encontró con las manos de «Cubito» Caceres. Nada para reprocharle, uno de los mejores de la cancha, ya viene demostrando hace bastante que se ganó un merecido lugar en los titulares.

El fondo preocupa, las fallas en el juego aéreo son un dolor de cabeza para este equipo. Esta semana será clave para ajustar las piezas, trabajar sobre ello y aceitar el marcaje. Deberá ser muy importante sobre todo para la próxima parada, Mataderos. Allá no te van a perdonar, allá cuando erraste fuiste. Chicago tiene un gran juego aéreo y Platense deberá estar fino para controlarlo, con confianza y formando un bloque sólido. Si vuelve a hacer lo que hizo ayer, puede ser goleado tranquilamente.

Por Ignacio Zabalza

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