El adiós a una leyenda del fútbol argentino: el “Ghitto” Vernazza

En la mañana del domingo 12 de noviembre nos ha abandonado físicamente Julio Carlos Santiago Vernazza, más conocido como “Ghitto”, leyenda de un fútbol argentino tristemente desaparecido allá lejos y hace tiempo. Fue integrante de la mejor delantera de la historia de Platense junto con Báez, Geronis, Rodríguez y Sayago. Jugó 108 partidos y anotó 52 goles entre 1947 y 1950.

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Nacido en el barrio de La Boca, mudado en su niñez por su familia hacia Nuñez, más precisamente a la casita de Ruiz Huidobro entre Cuba y Arcos, desde donde partía caminando en su juventud hacia el Centro porteño para ganarse los 75 pesos mensuales con los que lograba ayudar a los suyos, solo con el marcado objetivo de fortalecer esas “tabas” que le permitieron ganarse el apodo de “Comefierros” merced al terrible derechazo que solía portar.

Se formó en el Club Atlético Platense, donde fue acercado por un Delegado vecino de la familia Vernazza. En Manuela Pedraza y Crámer se pasaba horas haciendo malabares con el pesado balón de cuero de aquellos tiempos. Hasta que llegó aquel año 1947 en el cual le propusieron debutar en Primera División. Fue un 20 de Abril, nada más ni nada menos que ante el poderoso River Plate de la famosa delantera Muñoz, Pedernera, Labruna, Moreno y Loustau. Eran los albores del profesionalismo, donde cada punto ganado representaban 150 pesos para el “player”, exactamente el doble de lo que “Ghitto” ganaba en la empresa de capital norteamericano para la cual trabajaba. Si Platense vencía, serían 300.

Y con Platense alternó buenos y malos momentos, pero seguramente habrá quedado en su retina aquellos golazos de tiro libre que contribuyeron notablemente a la obtención del Subcampeonato del año 1949, hasta el momento la mejor campaña histórica del “Calamar” en Primera División.

Defendió nuestros colores de manera oficial entre los años 1947 y 1951, jugando un total de 108 partidos, logrando marcar 52 goles. Sí, un gol cada dos partidos en un equipo que por aquel entonces ni era tan “chico” ni tan de “barrio”. Puesto que hasta el año 1955, Platense era considerado el séptimo equipo en importancia, por detrás de River Plate, Boca Juniors, Racing Club, Independiente, San Lorenzo de Almagro y Huracán.

Afortunadamente ya lejos de aquellas primeras penurias que incluyeron repartir hielo en la fría madrugada porteña para luego ir a entrenar con los planteles de Reserva y Primera, a Vernazza se le abrió la “gran oportunidad”: ser partícipe del River Plate, el “Millonario”, el que pagaba fortunas por obtener y mantener jugadores de nivel y jerarquía. Su pase costó 250 mil pesos más las sesiones al “Calamar” de los futbolistas Muñoz, Negri y Coll. De esa forma llegó al Club que lo transformaría definitivamente en Leyenda de nuestro Fútbol, no sin antes despedirse del “Marrón” con un gol de penal ante su futuro equipo, el auténtico y único rival deportivo de toda nuestra historia.

En River Plate jugó cinco años, desde 1951 hasta 1956, obteniendo nada más ni nada menos que cuatro Campeonatos de Primera División. Fueron un total de 164 partidos, convirtiendo 71 goles, los cuales también lo depositaron dentro del Seleccionado Argentino que participó en Chile del Campeonato Sudamericano del año 1955, título que nuestro combinado obtuvo. Evidentemente, “Ghitto” estaba para otros desafíos, y su marcada ascendencia italiana le abrió las puertas a los 28 años de emigrar hacia el Viejo Continente para romper redes en el “Calcio” que se reinventaba tras la Segunda Guerra Mundial.

Su estancia en Italia se repartió a lo largo de siete años. Del 56 al 60 jugó para el Palermo, equipo con el que descendió y ascendió y donde también se convirtió en ídolo y tercer máximo goleador de su historia tras 115 partidos y 53 goles convertidos, lo que lo depositó en el poderoso Milan (29 partidos, 14 goles, una Temporada, del 60 al 61) Finalmente, la hora del adiós llegaría en el Lanorissi Vicenza, donde jugó 30 partidos y convirtió 3 goles desde el año 1961 hasta el año 1963.

De esa manera llegaría su final como futbolista, tras 446 partidos en los cuales convirtió 193 goles, una cifra que hoy solamente los elegidos pueden lograr alcanzar. Luego llegaría la empresa de transporte, un emprendimiento exitoso que al día de la fecha continúa adelante, y la mudanza a Aldo Bonzi, donde “Ghitto” se transformó en un querible vecino. Todo aquello, quizás, contribuyó a llenar el vacío que le había dejado haber abandonado la práctica profesional del fútbol, por más que intentó seguir despuntando el vicio en equipos de veteranos o con la dirección de una escuelita de fútbol en el Club Comunicaciones. Con los años y los achaques llegarían también los homenajes del Palermo, de Platense, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y más recientemente del Club Atlético River Plate. Justo antes que su debilitada salud no le permitiese abandonar ya más su terruño matancero donde esta mañana falleció a la edad de 89 años.

Quiera nuestra Dirigencia y nuestro Departamento de Prensa realizar algo más que el acostumbrado minuto de silencio. Que tanto los futbolistas de Platense como de Comunicaciones logren salir con la cinta de luto, puesto que -en definitiva- “Ghitto” trabajó para ambas Instituciones, y que desde el remozado sistema de sonido del “CVL” pueda leerse una reseña que recuerde que en otros años, en otro siglo, en otro país, existían caballeros deportistas como Santiago Vernazza que le devolvían con cada zapatazo una alegría sincera y de corazón al público presente en cada estadio de nuestro fútbol.

Que en paz descanses, querido “Ghitto”.

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