“Pensábamos que ascendíamos desde el primer día”

Daniel Severiano Pavón llegó a Platense en 1974 y se convirtió en referente en las épocas de segunda división, fue uno de los artífices del recordado ascenso a Primera División en 1976. Desde el “Marrón”, el “Cholo” sería transferido a Boca y comenzaría su periplo por varios equipos e incluso en la Selección Argentina. En esta nota nos recuerda aquel campeonato que finalizó con la consagración “Calamar”.

cholo1-1

Foto: La Voz de Platense

-¿Cómo prepararon la campaña del ascenso?

PAVÓN: Ese año lo contratan a Juan Manuel Guerra de técnico, y trae gente de mucha experiencia, gente de la categoría. Se armó una defensa con marcadores centrales muy altos, con laterales con proyección y metedores como el caso de Fermín Rivero y Roberto “Mudo” Gianetti por el lado izquierdo. Había buenos suplentes, me acuerdo que el año que ascendimos jugaban Juan Carlos Pilla y Miguel Juárez por adentro y a veces jugaba Carlos Chiappe que venía de la primera de Quilmes. Era un equipo de mucha garra, la mitad de la cancha con Carlitos Gómez y Osvaldo “Toro” Morelli, y sino jugaba Ramón Roa que venía de Tigre y también era metedor como ellos. Jugábamos con dos cinco por delante de la defensa y un enganche que la mayoría de las veces era Osvaldo Pérez, y sino a veces jugaba José Luis “Mono” Petti.

Platense campeón 1976

-¿Qué enseñanzas te dejó el viejo Guerra?

PAVÓN: Don Manuel vino a Platense con toda su fama de que él sabía lo que quería y la verdad es que era cierto. Lo que primero hizo fue armar bien el grupo, el que no corría no jugaba, había que meter. Entonces se hizo primero un grupo muy homogéneo, muy bueno, y después se hizo un muy buen equipo. Si bien eramos entre 28 y 30 profesionales, normalmente eramos 17 o 18 los que siempre jugábamos.

-¿Guerra les estaba encima cuando entrenaban?

PAVÓN: Constantemente. Se armó un equipo muy fuerte y a pedir de los delanteros porque en esa campaña vino Orlando, estaba yo, estaba Ulrich, esos eran los tres delanteros que normalmente jugábamos; a veces le tocaba a Marrero; jugábamos con un 4-3-3. Eramos un equipo muy combativo y de mucho contragolpe, además teníamos dos cabeceadores excelentes que eran Arturo Juárez y Pilla.

-¿Y había nerviosismo por ascender como el que hay hoy por hoy?

PAVÓN: Mirá, primero y principal no me daba cuenta porque era un pibe, yo llegaba de Almirante Brown, tenía edad de quinta división cuando llegué a Platense.

-Cuando se enteran que hay una posibilidad de jugar un hexagonal final por un ascenso más, ¿dijeron ésta es la nuestra?

PAVÓN: Nosotros nos veíamos muy bien en el campeonato, salimos primeros en la zona. Teníamos mucha confianza. Cuando se juega el hexagonal, todo ese tiempo estuvimos concentrados, y ahí se afianzó aún más la amistad entre todos nosotros. Yo recuerdo esto: después del partido con Tigre, que empatamos 1-1 en cancha de Vélez, ahí hicimos el click porque no jugamos muy bien y empatamos sobre la hora, incluso te diría que no sé si lo merecíamos. Hubo un compañero después del partido que dijo: “Por algo será que empatamos este partido”. Y de ahí en más ganamos los dos partidos que nos quedaban. El partido posterior al de Tigre fue contra Los Andes, ese tendría que haber sido un triunfo por más de dos goles, fuimos muy superiores. El partido contra Villa Dálmine fue difícil porque ellos tenían muy buen equipo y venían muy bien, tenían muy buenos delanteros.

-El día del primer partido, el del 5-1 ante Almagro, ¿cómo fue el antes del partido?

PAVÓN: El equipo llegó muy bien porque principalmente en la parte física estábamos más que 10 puntos. Hicimos una pretemporada que lo que menos corríamos eran 18 kilómetros. Teníamos mucha fe y no había jugadores que se cayeran anímicamente. Estábamos muy enchufados, los 30 jugadores estábamos compenetrados en el objetivo, incluso aquellos que no jugaban o lo hacían poco. El día del debut con Almagro en la previa era complicado porque tenían un equipazo, tenían al “Tano” Gigliani, tenían a Fuentes, muy buenos jugadores. Yo me tenía mucha fe porque a Almagro en los pocos partidos que jugué contra ellos les marqué 11 goles.

-¿Te acordás cómo formó el equipo?

PAVÓN: Si mal no recuerdo jugó al arco De Virgilio porque Torres estaba lesionado, de cuatro jugó Rivero, de dos jugó Juárez, de seis jugó Pilla y de tres jugó Gianetti. En el mediocampo jugaron Carlitos Gómez y el “Toro” Morelli, Osvaldo, Orlando, yo y Ulrich. Ese día yo hice dos goles y Orlando hizo tres.

-Después del partido de Tigre, ¿qué más hubo?

PAVÓN: Nosotros volvimos muy tristes a la concentración, el técnico no nos dijo nada. Empezamos a comer y tomó la palabra Orlando, que era un muchacho muy enérgico en todo, y dijo: “Muchachos, por algo empatamos. Dios nos dio la oportunidad de empatar este partido”. También dijo que este partido iba a ser el despegue, nos empezó a agrandar, y partir de ahí empezamos a recuperar la confianza…

-¿Y después del primer partido? ¿Creían que ya estaban ascendidos?

PAVÓN: Nosotros pensábamos que ascendíamos, nosotros estábamos siempre optimistas. Ya te digo, el único partido en el que nosotros dudamos un poco pero una vez que estuvimos en la concentración y charlamos entre todos y supimos que lo podíamos levantar fue el de Tigre; en la concentración ya estábamos con pilas, con deseos de seguir trabajando.

Yo vivía para el fútbol, lo mío era fútbol, fútbol y fútbol. Yo ya vivía en el club. No salía a bailar ni nada porque me cuidaba y vivía las 24 horas para lo que hacía.

-¿Qué recuerdos tenes del público de Platense que iba a los estadios?

PAVÓN: A dónde íbamos a jugar, la gente llenaba. En la cancha de Atlanta, la platea, la tribuna de costado y la tribuna de enfrente colmadas siempre.

-Más encima uno ve las fotos del día de la consagración y Vélez estaba colmado de gente.

PAVÓN: ¡¡Estaba lleno!!

-Y el hecho de jugar siempre con gente de Platense alentando, ¿Qué te producía?

PAVÓN: Me producía una emoción enorme. Éramos un club grande, Platense imponía respeto. Cuando uno es soltero, las responsabilidades las pasas por abajo, cero responsabilidad. Entonces vos haces lo que queres. Cuando uno es casado, te tenes que poner a pensar en la familia. Después con el tiempo te pones a pensar: ¿cómo me fui a meter entre tres o cuatro jugadores rivales? Yo me sentía el mejor del mundo cuando empecé a jugar. Mi estilo era de correr y correr, tapar las salidas, picaba mucho, estábamos muy bien entrenados. Yo me sentía Patoruzú, como que yo te miraba a vos sabiendo que eras mi contrario y sabía que te iba a pasar por arriba, esa es mi sensación. Nunca me achiqué pensando en quién me iba a marcar.

-¿Cómo fue la charla técnica de Juan Manuel Guerra?

PAVÓN: Mira, Don Manuel hacía una charla muy cortita, nos decía “tengamos cuidado con esto acá, hay que ir a zapatear”. Zapatear era meter, meter y meter. Teníamos un equipo muy metedor, era difícil que nos hicieran goles por alguna distracción, teníamos un estratega futbolístico como Osvaldo Pérez que era un fenómeno. Vos fíjate que Osvaldo no le daba el lugar al “Mono” Petti que tiempo después terminó siendo figura en Primera División. Teníamos un banco de suplentes de primerísimo nivel, porque teníamos a Chiappe, Bernabitti que después se fue a Boca, Marrero, Roa que jugó en River y en Tigre, Roberto Pasucci que a veces integraba el banco pero tiempo después triunfó en Boca, estaba Hugo Cortés que era lateral derecho e izquierdo.

-Cuando termina el partido con Villa Dálmine, ¿qué es lo primero que se te vino a la cabeza?

PAVÓN: Me volví loco. Yo en ese partido corrí muchísimo pero toqué muy pocas pelotas. Pero eran los nervios, ahí si me sentí nervioso. Una vez que terminó el partido, fue una explosión de alegría. Me fui corriendo para el vestuario, lloraba, me saqué la camiseta. Me acuerdo que José Rebollido, un dirigente del club, me agarró y me abrazó. Estábamos felices. Yo me acuerdo que ese día después del partido fuimos a comer a un lugar llamado “La Cabaña de Manolo”, que estaba en Maipú al 400. Ese lugar era de Manolo, un hincha de Independiente que igualmente nos daba de comer, hicimos un festejo, después yo volví al club, porque vivía ahí, y me acuerdo que me duché y me fui a la casa de mi señora que vivía cerca, lo curioso es que no me esperó nadie porque era tarde y me volví al club. Pero al otro día, super temprano me fui de nuevo a la casa de mi señora para desayunar con ella.

Para mí fue una emoción muy pero muy grande. Yo tuve la suerte de salir campeón con varios claves, ascenso tuve con varios equipos (Platense, Racing y Deportivo Mandiyú de Corrientes), jugué Copa Libertadores de América con Boca, pero la emoción más grande que tuve fue el campeonato con Platense.

 

vestuario

-¿Cómo era el fútbol de la segunda división en aquella época?

PAVÓN: En aquella época, aparte de entrenar con Platense, me entrenaba por mi cuenta, con eso sacabas la diferencia. El defensor, por ejemplo, no trabajaba demasiado en lo táctico, cosa totalmente distinta a lo de hoy, ya que si tenes falencias en algún aspecto, las trabajas con un profesional después de los entrenamientos.

-En esa época, ¿cómo era el trato de los grandes hacia los chicos?

PAVÓN: Mira, lo que yo me acuerdo bien es que un día me habían nominado a la Selección y me llama el grupo para charlar, y me encaró Pilla que me dijo “Vos Daniel…” (me decía Daniel o Chaqueño, porque yo lo conocía del Chaco y jugó en Almirante Brown conmigo) y me cagó a pedos, después todo el grupo me cagó a pedos siendo yo jugador de la selección y figura de Platense. No recuerdo el motivo pero se ve que me estaba haciendo la estrella, pero yo era un pibito; eso sí, yo escuché, asentí con la cabeza y seguí entrenando. Y me hizo bien que los compañeros se dieran cuenta de que estás fallando en algo y te lo digan. Yo por suerte tuve la capacidad de darme cuenta de que no me estaba comportando como debía ser con mis compañeros y cambié la actitud

-¿Tenías cábalas? ¿El equipo tenía cábalas?

PAVÓN: Las cábalas las fui incorporando en la medida que fui creciendo. En ese momento no había cábalas ni nada. Lo único que me pasó es que en el club, un día ganamos un partido y llegué tarde al club, porque hasta tal hora el club estaba abierto ya que Platense era un club muy familiero. Como llegué tarde, para entrar salté un alambrado, y a partir de ahí empecé con la cábala.

-Uno ve el cuerpo técnico de aquel equipo y aparece “La Roly”

PAVÓN: “La Roly”, un fenómeno. Vitaminas por todos lados. Yo era un tipo que me ponía una sustancia que se llama Winstrol que ahora no está permitida porque salta en el dóping. No hay palabras para la Roly, estaba siempre al pie del cañón. Yo venía del interior y de estar en Almirante Brown, para mi era casi una madre, ella significaba mucho. Te hacía sentir bien porque te decía “Hola Pavoncito”, “¿Cómo estás Pavoncito?”, era la vida para mi, vivimos muy cerquita. Me acuerdo también del Intendente De Caroli, tenía un carácter bastante fuerte para manejar el club, el Gallego García que era el utilero y era una barbaridad de persona.

-Para cerrar, ¿Qué más te acordás del partido del ascenso contra Villa Dálmine?

PAVÓN: Uhh, en el gol de Pilla una emoción muy grande. La luchamos mucho en ese partido. Ese día jugaba De Virgilio, que tenía la edad mía, teníamos 22 años, pero yo tenía más experiencia porque venía jugando, él debutó en ese hexagonal así que teníamos que cuidarlo mucho. Igualmente, teníamos una defensa espectacular, así que no estábamos tan preocupados. De esa hexagonal me acuerdo que en el partido contra Los Andes tuve que jugar de wing izquierdo: ¡la rompí! Porque hice lo que yo sabía hacer que era correr y correr, de hecho lo saqué desgarrado al 2 y al 4 porque yo corría tanto que no me aguantaban el tranco.

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